Ella, la araña, o ¡qué mente degenerada es capaz de crear eso! – por C. SANZ DE BREMOND

En un intento por agarrarme a los bordes de la mesa, una de mis manos golpea el vaso de cristal dorado metalizado (vamos, un algo entre kitsch y qué mente degenerada es capaz de crear eso). Y para colmo la dueña de eso está a punto de llegar.

Cae.

Rueda.

Mis ojos siguen la trayectoria de lo que parece, es, una ejecución a  cámara lenta. Un final previsible y no deseado… bueno… sí, sí, sí… ¿Quizá por eso no muevo ninguno de mis músculos para evitar la caída? Tengo que confesar que intento detenerlo con el pensamiento, pero con verdadera sorpresa compruebo que el recipiente desaparece con ímpetu de mi vista. Uno de mis yos espera con placer el estallido del vidrio, pero tan solo hay un «cloonk» seguido de un «ric-ric-ric». Lentamente, extrañado, me asomo por debajo de la mesa buscando El Dorado. ¡Cachis! ¡Sigue vivo! Parpadeo. ¡Murphy tenía razón!

En fin, que toca agacharse antes de que venga la bruja.

Me introduzco, o al menos lo intento, por debajo de la mesa. Agarro el vaso.

Reculo.

Me impulso para recuperar mi verticalidad.

Lo último que llegué a ver fue  a mi bella depredadora. El occipital perteneciente a lo que fue mi cráneo debió encontrar un obstáculo. Seguro.

araña

Consuelo Sanz de Bremond

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