Elegía – por GUILLERMO URBIZU

“Toma, pues, mi mano e iremos como niños
solos a través de las atronadoras multitudes”.
ROD McKUEN

Siempre ocurre.
De una manera o de otra sucede.
Y es que nos quedamos solos.
Solísimos, muy solos.
Tal vez sea un instante, o toda una vida.
Pero dudo mucho
tenga nada que ver con el tiempo.
Ni con la compañía.
Sucede de pronto la consciencia
de nuestra soledad.
Y nos agarramos con fuerza a las rodillas,
y cerramos instintivamente los ojos.
¡Cuántas veces, al abrirlos,
quisiéramos que todo hubiese cambiado!
Pero seguimos ahí,
y seguimos solos.
Y se nos ocurre a buenas horas el alma,
y echamos una hojeada al silencio.
Y hay un número de teléfono que ya nunca suena.
Y los poemas adquieren siempre una tonalidad de otoño.
Es por eso que buscamos otras palabras
a las que abrazarnos,
y otros sueños,
en ráfagas de estorninos
o en conjeturas de signos.
Y no queda otro remedio
que acompasar la respiración
a solas, como en fluida elegía de suspiros.
Debemos afrontar la vida
como lo que es: ese destino de fragilidad y desamparo.
Porque es imposible no sentirse solo
tras la muerte de una madre.
O cuando te asomas a cualquier ventana
y ves que lo único real
es tu niñez.
Lo demás, ¿qué es?
¿Qué queda en nosotros
que no sea esta penumbra y este exilio?

 

Óleo de David Hettinger

Guillermo Urbizu

Guillermo Urbizu Ha publicado 34 entradas.

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