El vaivén de un visillo blanco – por PEDRO PABLO MIRALLES

Traigo varias ideas en la cabeza para dejarlas en blanco y negro. No siempre se está inspirado a todas horas, hay que aprovechar el momento y, además, conviene escribir todos los días, salga lo que salga que algo quedará. Hemos pasado una temporadilla de gran calor del que tanto nos quejamos y no sabemos sacar todo lo bueno que tiene, no acabamos de aprender y disfrutar del clima en todas las estaciones del año.

Voy a mi despachito, abro bien la ventana, enciendo el ordenador y, antes de escribir una letra, mi atención se fija en el vaivén del visillo blanco que no deja de moverse para todas partes de forma acompasada y en ocasiones brusca. Como suelo decir en estas ocasiones, esa bruma marina que de vez en cuando hace acto de presencia en Madrid o en donde sea cuando llega el verano, se agradece y da vida.

Pierdo la noción del tiempo ensimismado, imbuido con el vaivén del visillo. No puedo evitar que mi atención se centre en ese singular fenómeno doméstico. Me vienen muchos recuerdos y pensamientos a la mente de todas las etapas de mi vida y, sin pensarlo dos veces, en esa escena bucólica de un visillo en movimiento, decido abandonar cuanto pensaba haber escrito y me pongo a redactar estas líneas de una vivencia tan sencilla que pienso no habré sido el único en experimentar en más de una ocasión. Y todo gracias al viento y a un simple visillo blanco.

 

Pedro Pablo Miralles

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