El último deseo – por RAFAEL DE LA TORRE

Estimado Lorenzo:

Como abogado y amigo, te envío esta carta para que realices una modificación en mi testamento.

A mis ochenta y nueve años de edad, en  plenas facultades mentales, tras una comida familiar, con mis hijos, nueras, nietos y biznietos  he decidido:

  • Mantener el reparto de bienes materiales entre la banda de truhanes, harpías y desagradecidos que integran mi familia, con la única excepción de mi apreciada y selecta bodega. Confío en que con la posesión de mis anteriores riquezas sean más desgraciados de lo que ya son.
  • Donar la susodicha bodega  a las Hermanas de la Caridad para que dispongan de ella a su antojo, bien para alegrar la vida a sus ancianos con un trago selecto de vez en cuando o para venderla y obtener recursos.  Estoy seguro de que hagan lo que hagan sabrán darle mejor uso que aquellos que sólo desean que finalice mis días lo antes posible.
  • Bajo ningún concepto quiero esperar una eternidad enterrado en el  panteón familiar; anhelo ser incinerado y que mis cenizas sean inyectadas en un barril de brandi, al menos de la misma calidad que el que sabes me gusta beber y del que ahora mismo estoy paladeando una copa.
  • Por último, es mi voluntad que dicho barril sea arrojado al mar para que lo que reste de mí pueda viajar para siempre en compañía de lo que más quiero.

Atentamente.

 

Rafael de la Torre

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