El tiempo es infinito, por ELENA SILVELA – #escritos

El tiempo es infinito cuando de esperar se trata. No tenemos entrenada la mente para actuar en casos de encuentros prolongados con la nada. Bien podría comenzar en modo automático a hacer listados, a ordenar recordatorios de fechas, eventos y reuniones. Mas no, la realidad es otra, bastante más desordenada. No hay concierto, los pensamientos son un caos, habitan entremezclados, unos muy vivos, otros adormecidos hasta ese umbral de dolor soportable, otros puntuales; también enredan los reincidentes, tercos y resabiados.
Inmerso en aquella melé de intensidades, nuestro protagonista intenta enfocarse en algo productivo, algo que alivie. Las noticias que vendrán y para las que espera pueden ser buenas, pero también pueden resultar nefastas e ignora si estará preparado para el impacto. Lleva ya media hora en soledad y no sabe cuánto tiempo más habrá de permanecer a la espera. Junta las manos entrelazando los dedos, comprime los nudillos. Fija la vista en la barra del visillo de la única ventana de la sala.
Se concentra en esa imagen de la pequeña jugando en el tobogán rojo que tanto le gusta. La cabeza asomando en lo alto, la sonrisa radiante. Un pie colocado, luego el otro; las manitas sujetando con firmeza ambos lados. Hace números. Suma, resta, suprime. Calcula el presupuesto mensual, introduce las variantes más extremas. Presupuesta la suma en años. Qué absurdo es el día a día. Qué absurda la vida, medida primordialmente en dinero. Ordena mentalmente las corbatas. Las clasifica en las categorías de siempre. Trabajo, elegantes, entrevistas. Las rojas quedan en un cuarto apartado de “alegrar la cara”, algo que ha aprendido de ella, su madre. Su madre, tan elegante, del brazo con él por ese pasillo larguísimo de la iglesia. Mirándole a ratos, dando pequeños golpes en su antebrazo. Sonriendo todo el tiempo. El barco de vela en que navegaba con sus hermanos y su padre los veranos de adolescencia. El sabor a mar en proa. La libertad del infinito en azul y verde.
Escucha pasos y a lo lejos divisa la bata blanca. La que más teme. Pánico. El corazón se tensa. Las cervicales también.
La operación ha ido bien. Ella está débil, pero va a sobrevivir. Tenía hemorragias internas de importancia por el accidente que ya están controladas. He tardado más de la cuenta en venir porque hemos intentado por todos los medios recuperar al bebé. El cuerpo materno es una gran coraza pero el impacto del golpe ha sido mortal. Mi equipo ha hecho lo indecible, me consta. Lo siento enormemente.

 

 

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Fotografía de BABIOGRAPHY

 

 

Elena Silvela

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