Él, the one and only – por ELENA SILVELA #misescritos

El puñetero móvil, el aterrador móvil. El nunca bien estampado móvil. Para hacer honor a la verdad, debo decir el “puto”móvil, pero temo que me pueda oír y tome represalias.

Me preparo para salir de casa. Tiempo pillado. Busco el puñetero móvil. Salón, dormitorio, cuarto de baño. En última instancia, la cocina. Juro en arameo. Voy a llegar tarde. Pienso mientras hago respiraciones controladas. He de buscar en sitios insólitos. El armario de los bolsos. Dentro del armario, quietecito y muy mono, el puñetero móvil.

Corro hacia el coche y llego al aeropuerto. Con cara de no ser más que rubia, me cuelo entre dos despistados de la cola del arco de seguridad. En la puerta de embarque pienso en esa llamada que debiera haber hecho hace tres días. Busco el objeto. Un bolsillo del abrigo. Otro. La cremallera exterior del bolso. El interior del bolso. Vuelco el bolso entero. Entro en pánico. ¡Un sitio insólito! Me grito con un arte especial. En la maleta, cremallera exterior, recuerdo haberlo soltado ante el apremio del guarda de seguridad de depositar todas las cosas en las bandejas y aligerar. El puñetero móvil, relajadamente, en posición vertical inversa dentro de la maleta.

En la reunión. Somos muchos y el ambiente es serio. Escucho un tono y recuerdo que no he silenciado a la bicha. Cremallera exterior de bolso. Agua. Bolsillos del abrigo. Agua. Descarto la opción de volcar el bolso, tanteo dentro de él procurando no hacer ruido. Minutos después, aparece, debajo del estuche de las gafas. Hundido. En el lugar más recóndito. Tranquilamente. Sin sufrir.

De nuevo en el aeropuerto. Más de una hora por delante. Ha llegado el momento de hacer todas las llamadas acumuladas de la jornada. Bolsillos de abrigo. Nada. Cremallera exterior de bolso. Misma nada. Bolso entero. Nada de nada. Cremallera exterior de la maleta. Insulsamente vacía. Llega ese doloroso momento de abrir la maleta entera en mitad de la zona más transitada del aeropuerto. Acto in extremis al que acompaña una creciente oleada de angustia. Y allí yace él. Con enorme paz. En el neceser transparente de líquidos.

Sentada en el avión de vuelta. He de escribir un mensaje con mi hora de llegada, me vienen a buscar y ese el es momento más reconfortante del día. Cremallera exterior del bolso. ¿Lo iba a encontrar a la primera? ¡Ja! Cremallera interior del bolso. el bolso entero. Saco el abrigo del compartimento superior. Bolsillos vacíos. Hago memoria supersónica del asiento en la puerta de embarque. Ni una pista. Dónde coño habré perdido el móvil, arrastro las sílabas mientras lo visualizo, quizá, olvidado en alguna encimera del baño público. Miro hacia abajo y ahí está. Silencioso. Tranquilo. En la rejilla del asiento delantero. Me mira burlonamente.

Agotador.

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 341 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *