El son tribal

Desde el sofá miraba por el ventanal cómo la lluvia arreciaba sin piedad. Gruesas gotas de agua que se precipitaban hasta el suelo por el cristal se combinaban con esas sombras de luz que produce la lluvia al caer con fuerza. El fuego de la chimenea crepitaba al tiempo que las gotas de agua se estrellaban contra la cristalera, como en un son tribal entremezclado de lluvia, fuego y danza. Volví a sumergirme en el libro y encogí las piernas, para que la manta me cubriera por completo. En algún momento dejó de llover, pero mi conciencia no se percató, imbuida en cuerpo y alma dentro de la trama del libro. Al comenzar el último capítulo decidí parar de leer. Es sintomático cuando un libro es precioso, no se quiere terminar pues parece que la historia desaparecerá en la última página y la vida de uno con ella. Cerré el libro y levanté la mirada. Hacia el ventanal. Un enorme arco iris se había formado a los pies de la montaña. Los colores rojo y amarillo eran fuertes y nítidos. El naranja comenzaba a ser un poco más difuso. El verde y el azul eran casi transparentes. No hay un espectáculo mas atrayente que los colores que surgen de la naturaleza. Brillan como ningún otro.

arco iris

Elena Silvela

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