El ruido – por PEDRO PABLO MIRALLES

Busco tranquilidad, descanso y sosiego, solo o acompañado, cuando leo, pienso, paseo, escribo, pinto, converso, discuto, cocino, trabajo, estudio, estoy en el cine o el teatro, escucho música, toco la guitarra, canto, viajo, almuerzo o duermo. Pero si en esa búsqueda aparece el ruido, todo lo estropea y altera, me causa dolor y perturba el espíritu.
 El ruido es lo contrario a la música y la poesía, a la tranquilidad y la paz, por eso es manifestación de violencia aunque también haya música y poesía que más parecen ruido, hay gente pa’ to’, lo mismo que hay ruido que rompe la palabra y el silencio y hay palabras y silencios ruidosos.
 Con demasiada frecuencia el ruido aparece cuando el vecino de la vivienda, el pasajero o viandante que va más o menos cerca o lejos, los de otra mesa del bar o restaurante o donde sea, se empeñan en hablar de tal forma indiscreta y con un volumen que hace imposible no escuchar lo que dicen o la musiquilla que llevan a cuestas a pesar de que nos hagamos los sordos. Los efectos del ruido en esas situaciones son muy expansivos y engañosos hasta el punto de que quienes lo padecen pueden llegar a simpatizar con él en el colmo del disparate haciéndose participes de ese ruido indiscreto o integrándose en él.
 Ruido es ese mar de fondo estridente que nada tiene con el mar y mucho con el fondo que hay en las ciudades y que sus habitantes se ven obligados a padecer. Así, el ruido se produce por el run-run incansable de los vehículos, el pí, pi-pí, pin-pan, tari-rora, tin-ton y musiquillas variopintas de la gran variedad de artilugios conectados o no a la red, los equipos de música, radio y televisión a decibelios insospechados y la multitud de máquinas grandes o pequeñas salvo pocas que son silenciosas. Pero el ruido siempre es una agresión al próximo, dificulta e incluso impide la convivencia.
Como los miembros de la RAE no son imbéciles, se esfuerzan también por saber y decirnos qué es el ruido y en su Diccionario aportan tres acepciones: “sonido inarticulado y confuso más o menos fuerte”, “alboroto” y “novedad, extrañeza o revuelo que provoca algo”. La RAE se queda corta, no llega a atinar en su comprender ruidoso.
 Sea como fuere, todos padecemos y sabemos que es el ruido sin necesidad de que nos lo expliquen. El ruido se nos impone en contra de nuestra voluntad y nos hace mucho daño.
 En fin, que cuanto menos ruido mejor y sin ruido fetén.

Cataratas-del-Iguaz

Pedro Pablo Miralles

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