El resto – por ELENA SILVELA

De mirada oblicua, cabello castaño profundo, nariz aguileña y gran sonrisa. Acompañaba su relato con un suave movimiento de las manos. Su voz, profunda y envolvente, parecía no terminar nunca. De hecho, nadie quería dejar de escucharle. Las comisuras de los labios eran desiguales, como hendidas, pero remarcaban sus palabras. Los labios gruesos, de poco movimiento. Las cejas, en cambio, eran la expresión de su rostro; vivarachas y juguetonas. Los ojos verdes, cristalinamente verdes. La complexión de hombros extensa, su aspecto de hombre simple y ese afán por agradar que a nadie se le escapaba hacían de él un personaje atrayente.

Sus pausas siempre eran justas profundas. Se abrazaban con un silencio reverente. No hablaba muy deprisa y tenía por costumbre mirar a todos y cada uno de sus oyentes. Como si con la mirada pudiera dar más énfasis a la historia. Como si las pupilas pudieran retener todos los matices de lo que la palabra no alcanza.

“El resto, se desvelará mañana. Entre tanto, podréis hacer todas las conjeturas que os plazcan. Darle el final que más os convenga al corazón. A la misma hora del próximo día, acabaré la historia y no dejaré detalle en el tintero. Os lo prometo. Id con Dios.”

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Elena Silvela

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