El recuerdo

El recuerdo ya no me hablaba y supe que la hora había llegado.

Le enterré.

Guardé sus restos en la cajita de roble

que me habían regalado antaño, de muy pequeña,

para que se fuera de este mundo arropado por los minutos más importantes de mi vida.

La ceremonia fue breve, emocionante y profunda.

Dije adiós y le aseguré de nuevo lo mucho que le había querido.

Al dejar caer la tierra, mi mente iba cerrando pequeños compartimentos,

con candados dorados y llaves de seda,

tules inmaculados y telas adamascadas.

Parte de mi memoria se fue, arrastrada por el ímpetu de los granitos de arena y barro

deslizándose al vacío entre mis dedos,

mas era ése el pequeño trueque,

enano y doloroso;

para dar paso a una nueva etapa donde amaneciera todos los días,

con un sol brillante, una brisa cálida.

Dónde el eco de la felicidad fuera capaz de rondarme una vez más.

En la que otro amor inmenso  pudiera

hacerme querer de nuevo la vida, aferrarme a ella;

sonriendo abiertamente, desperdiciando abrazos,

derrochando alegría.

cesar la caseta del perro

Elena Silvela

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