El olivar – por FRANCISCO NAVARRO

Cierto sábado por la mañana un paisano fue a ver un
olivar que tenía en el monte, en la carretera de El Bonillo,
pues estaba cerca la recolección. Cuando llegó se
encontró con nuestro amigo y la madre ordeñando olivos
a brazo partido. Cautamente y sin perder la compostura,
el dueño les preguntó por lo que hacían.

—Pues aquí, cogiendo estos olivos de un señor de
Madrid que nos ha contratado. —dijo el mostrenco.

Al amo del olivar le hervía la sangre. En vez de
enfrentarse con ellos se vino al cuartel y se llevo al
sargento a la parcela. Cuando regresaron, el picoleto, que
iba de paisano, les pidió explicaciones.

—Cogiendo este olivar, que es de un señor de Madrid
que nos ha contratado. Ya se lo hemos dicho a tu amigo
—volvió a repetir el hijo, sin dejar ninguno de coger
olivas.

—«Mi amigo» es el dueño del olivar y yo soy el
sargento de la Guardia Civil. —dijo— Y os vais a venir los
dos al cuartel ahora mismo. Venga tú, —le dijo al
mazorco— trae aquí el carnet de identidad ahora mismo.

Nuestro amigo se echo mano a la cartera y sacando la
cédula fue a dársela al de la pestañí. La madre intervino:

—Tú no le des el carnet a nadie, hijo mío, que hay
gente muy mala en este mundo.

olivos

Francisco Navarro

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