El número ocho

Siempre me gustó el número ocho. Siempre me ha seguido y perseguido, más nunca he huido de él, al contrario me he debido de sentir a gusto en su compañía, mi sonrisa en su cercanía así lo denotaba. Hoy me he despertado a esa hora. Ocho de la mañana, ocho golpes de reloj, ocho minutos más, que hoy me está costando, ya voy…

La he mirado. La he mirado durante ocho mundos enteros, con sus vidas infinitas dentro, con todas sus historias contadas y las que quedan por contar. He sentido su respirar, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho veces y ya, que me gusta sonreírte, y en cada respiración se adivinaba un halo de alegría, un resquicio de emoción, un sentimiento de vida y una vida que es puro sentimiento desde hace ya ocho mundos enteros, con sus historias contadas y las que quedan por contar.

Le he visto tan de cerca desde tan lejos, la he tocado sin tocarla, le di los buenos días sin despertarle, la busqué soñando pues allí siempre estamos.
Ocho de la mañana, cuatro por dos metros alrededor, tres baldas medio vacías o medio llenas, una tele que pide a gritos que la enciendan, una vida que quiere que la entiendan. Y sin embargo la he visto. He despertado a las ocho. Ocho años como ocho mundos enteros, con sus historias contadas y las que nos quedan por contar, pues sabes que no es necesario no estar para estar siempre. A tu lado. Al vuestro.
Felicidades AMOR. Tengo una cita contigo. Nos vemos allí. Sé que no me vas a fallar, siempre fuiste mejor que yo.

santo-ocho

J. Javier Checa

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