El Museo Arqueológico Nacional

La semana posterior a la Semana Santa, anduve por Madrid. Uno de los objetivos de la visita era conocer el renovado Museo Arqueológico Nacional del que tanto se hablaba desde su reapertura, a finales de marzo. Han sido seis años de obras dirigidas por el arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade, de los cuales, aproximadamente dos años y medio, supusieron el cierre del museo. El coste, alto, pues entre obras en el edificio y el diseño del espacio museístico, han supuesto cincuenta y un millones de euros.

Mi última visita fue en el 2008. El recuerdo que tengo de la misma fue el de un museo atrasado, desconocido para el gran público y escasamente visitado, pese al avance que supuso la remodelación acometida en los años 70 del siglo pasado.  En definitiva, que salí decepcionado, no por la calidad o el valor histórico-artístico de sus fondos, sino por la nula puesta en valor del museo.

El Museo Arqueológico Nacional obedecía, en su concepción primera, a aquellas grandes instituciones como el British Museum de Londres que recogían aquellas grandes piezas arqueológicas que se pudieron reunir en el siglo XIX, en su propio territorio o en las colonias. En el caso de España, donde, en ese momento éramos una potencia en retirada, lo más sólido de sus fondos era el patrimonio nacional, con piezas como la Dama de Elche o la Bicha de Balazote.

Pues bien, entrando ya a fondo en mi opinión sobre el actual museo, fruto de ese día, lo primero que me sorprendió, al franquear la entrada  por la calle Serrano, fue la cola, algo impensable anteriormente. Es fastidioso esperar, pero por otro lado pensé que algo había cambiado para mejor.

Seguidamente, me fijé en la composición de la fila. Había gente de todo tipo: turistas extranjeros (la inevitable tropa de japoneses con cámara fotográfica), adultos, mayores y niños.

Al entrar sorprende el muy ampliado espacio de entrada y la atmósfera de penumbra y de cierto recogimiento que transmite. Una vez en el museo se penetra en él por un pasillo donde hay expuestas algunas piezas de todas las épocas y donde se ha colocado un precioso mural videográfico con la evolución de la Tierra y de la especie humana, hasta el tiempo presente.

El recorrido está ordenado cronológicamente, desde la prehistoria hasta la Edad Moderna, dejando las colecciones de Grecia, Próximo Oriente, Egipto y la numismática para el final. De nuevo otro acierto, pues, en mi opinión, facilita la comprensión y disfrute de la colección.

La apuesta pedagógica también es otro notable progreso. Los paneles informativos son claros, sencillos y no caen en el abuso de tecnicismo. Se apoyan con pantallas de televisión que muestran unos cortos vídeos de animación bastante divertidos. Todo ello hace que, como observé, hasta los niños estuvieran entretenidos.

Se ha sabido, por otro lado dar luminosidad a los patios con su acristalamiento. Ello favorece el que las obras señeras del museo, como la Dama de Elche o el Monumento de Pozo Moro o la gran cantidad de estatuaria romana estén en un lugar que realza su grandeza y trascendencia.

Y ya como aspectos resaltables finales menciono la apuesta por la accesibilidad de los discapacitados con la eliminación de barreras arquitectónicas, estaciones táctiles para invidentes y dispositivos auditivos para sordos. También, por último, destaco el precio, pues el precio de 3€, en comparación con los de otros museos de Madrid, lo hace muy asequible.

En definitiva, y concluyendo, la mañana que me entretuve en el museo mereció la pena. Un museo desfasado, vacío y poco visitado, se había transformado, de pronto, en un museo vivo, visitable, accesible a todos, que emociona, enseña y divierte. Se ha añadido pues, a la lista de grandes museos de la capital de España que suma un atractivo más a esta gran ciudad, con todo lo que supone para ella y para el resto del país.

Museo_Arqueologico_Nacional

Juan Carlos Vivó

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