El limonero, por CRISTINA LÓPEZ-SCHÜMMER #escritos

Tengo un pequeño limonero que crece en una esquina del jardín. Un limonero de luna, lo llaman. Yo lo llamo mi lunero. Mi arbolito, como aquel toro, también está prendado de la luna y cuando ella coquetea reventona, él se enjaeza de amarillo para seducirla. Los limones, redondos y carnosos, juegan a ser camaleones entre el verde intenso de las hojas robustas, sin conseguirlo del todo. Mi arbolito, mi lunero, resplandeciente bajo los limpios rayos de sol de una mañana de marzo, susurra historias de leyenda. Entrecierro los ojos arrebujada en mi abrigo acolchado y dejo que el sol aun frío de final del invierno, me acaricie la cara, para oler y oír mejor los ayeres que me cuenta. Los pájaros, intentan ponerle música a las imágenes con sus trinos apasionados que se oyen entre las altas ramas espinosas de las acacias. Y evoco el romance de Zorrilla…

…Tengo un palacio en Granada,
Tengo jardines y flores,
Tengo una fuente dorada
Con más de cien surtidores…

Y como en el romance, las palmeras altivas, los granados encendidos, las higueras frondosas y los nogales robustos, comparten la tierra con mi limonero. Huele a azahar y a rosas. Y el agua de la acequias se desliza mansa, y la de las fuentes repiquetea sobre la piedra.

Abro los ojos y los fijo en dos limones que han crecido abrazados. No, no voy a separarlos.

A veces, sólo hace falta un limonero para mostrarnos la belleza de estar vivos.

 

limonero xummer

Cristina López-Schümmer

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