El lavavajillas ecológico, por RAFAEL DE LA TORRE – #relatos

Manuela es a la ecología lo que la Espasa a las enciclopedias.

A ella acuden sus vecinos para saber en qué contenedor deben de arrojar un tapón de corcho, dónde tirar las pilas descargadas o los restos de pintura, cómo reciclar el aceite o cuál es el punto limpio más próximo… Por supuesto todos sus electrodomésticos son de bajo consumo y los aprecia casi tanto como a sus hijos, en especial a su adorado lavaplatos. Él es su gran aliado tras las comidas familiares, un cielo, enérgico contra la grasa, autolimpiable, ahorrador en luz y agua y con capacidad para ocho comensales en el programa económico.

Ese es el motivo por el cual siempre ha habido ocho asientos reservados en la mesa de la cocina: uno para Manuela, otro para su marido el pobre Ernesto, sus dos hijos, los dos nietos y las dos nueras. Poco importa si alguien falta ocasional o, como Ernesto, muerto hoy hace seis meses, de manera definitiva. Eternamente ocho.

Hasta hoy.

Manuela derrama una lágrima mientras retira los platos correspondientes a ella y a su esposo y los almacena en la estantería alta de la vieja alhacena, allá donde los niños pequeños tardarán años en llegar. En la mesa puesta permanece reluciente en perfecta formación el resto de la vajilla.

Si sólo hubieran anunciado la llegada de un bebé nuevo a la familia habría bastado con sustituir al fallecido por el recién llegado, pero no:

-Mellizos -confirmó el ginecólogo.

Era el momento de esfumarse ella y el difunto de su marido para siempre.

 

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Rafael de la Torre

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