El heredero – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #Españaenretales

La rosa y la granada, dos símbolos hermanados al fin.

Comenzaba a hacerse realidad la idea de la unión de España e Inglaterra; las miradas se dirigían ahora a la maternidad de Catalina que despertaba de una pesadilla de largos años para sumergirse en un mundo de fiestas al lado de su marido adolescente, tan dado a ellas. De caracteres distintos, les acercaban intereses como la caza, la música, o su educación humanista. Sus vidas fluían placenteras, el amor crecía, las preocupaciones habían quedado atrás, descansaban   en una nube de colores sin espacio para los negros,  se balanceaban al compás de un suave viento mecidos por la complicidad de unos jóvenes corazones.

Al año de su matrimonio un nubarrón enturbió las aguas cristalinas y mansas; Catalina percibió que las miradas de su esposo ya no iban solo dirigidas a ella, los celos aparecían en escena como un vulgar actor secundario que no permite ser apartado de la obra. Además, un aborto de quizás un embarazo fantasma se sumó a desbaratar la completa felicidad.

Las incipientes lágrimas se cortaron de nuevo,  poco tiempo después aparecía el momento tan ansiado por Catalina. El 1 de enero de 1511 llegaba al mundo el pequeño Enrique; ella tenía un hijo, Inglaterra un heredero. Los festejos se sucedían por todos los rincones, el monarca inglés resplandecía, la figura de la reina alcanzó la cima.

Y apareció de nuevo. Vestida con sus mejores galas, esa dama tenebrosa se llevó de la faz de la tierra al pequeño cuando no llegaba a su novena semana de vida. Catalina perdía un hijo, Inglaterra un heredero. La unión de los dos países se evaporaba a la vez que el último hálito de vida del príncipe heredero.

 

Lola Sánchez Lázaro

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