El guasap, por CONSUELO SANZ DE BREMOND – #relatos

Me entra un guasap justo cuando le he dado un rápido y fuerte tirón, con su consiguiente alarido, a la banda de cera.

Todavía dolorida miro el móvil. 

¡Es de él! Mira que le dije que prohibidísimos los mensajitos. Contra mi voluntad le tuve que dar mi número después de que se dejara abierta la llave del gas y apunto estuviéramos de cambiar de barrio todas las personas que estábamos en inmueble. Entonces pasé de ser «esa bruja» a ser «esa bruja que le podía sacar de apuros».

Comienzo a leer con aprensión lo que me ha mandado  A medida que lo hago me entra tal sofoco que los cristales de la ventana del baño comienzan a empañarse. El dolor inguinal se intensifica.

Sin terminar la depilación me echo una bata por encima y, enfurecida, salgo de casa, subo las escaleras y aprieto el timbre de su puerta con saña. Nada más abrirme le coloco mi móvil a un palmo de su cara.

-¡Qué demonios pasa…! -me baja la mano y me mira de arriba abajo con intenciones nada claras- ¡Qué demonios te pasa!

Le vuelvo a poner el móvil a la altura de su nariz. Lee su guasap.

Suelta tal carcajada, rayana en la felicidad, que me echo a temblar. Nunca le he visto reír así… tan, tan… 

Luego, con tono burlón, me dice:

 -Ya me extrañaba a mí que mi chica no me hubiera contestado aún -ríe como un perro en celo-. Pero, nena, ahora no tengo tiempo para ti. Anda, bórralo, no lo vea tu padre y tengamos un disgusto.

Y tras cerrar la puerta suelta a voz en grito:

-Nena, la próxima vez átate más fuerte la bata.

….

Por cierto, hoy callos para comer.

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Consuelo Sanz de Bremond

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