El Gran Duque, por MARINELA FONTOIRA – #relatos

El abuelo entró cargado de perdices colgadas de su cinturón, como de costumbre, mostrando con sus manos la hermosa envergadura de casi dos metros del Gran Duque. Todos los nietos, alborotando, lo acompañaron a colgar la caza en la araña de hierro forjado de la cocina. Después de un mes en el taxidermista, el búho fue devuelto con las alas plegadas  y colocado encima del bargueño del ancho pasillo que da acceso a los dormitorios.

La casa de los abuelos es misteriosa y el búho real, mucho más. La línea en forma de uve entre sus ojos transmite un permanente enfado por encontrarse allí. A todos los nietos les encanta quedarse a dormir e imaginar que lo oyen; por las noches cobra vida y su callado ulular acaba convirtiéndose en un aullido de profundo dolor. Cuando Miriam tiene que cruzar el corredor en penumbra para ir al cuarto de baño, pasa sin mirarlo, llena de miedo y con mucho cuidado para no despertarlo. Luego, ya  de vuelta en su cama, le describe a su hermana pequeña el vuelo majestuoso y elegante del ave, arriba y abajo, por el pasillo de los abuelos, y las dos, acurrucadas debajo de las sábanas, oyen su silencioso aleteo. Durante el día, Miriam suele subirse a una banqueta para acercar su boca a los mechones de plumas oscuras que tiene en la parte superior de la cabeza y le habla muy cerca, creyendo que son orejas. El búho no se mueve, pero ella insiste en darle cariño tocando con cuidado su plumaje de color pardo y acariciando su garganta blanca, e imagina que el Gran Duque le contesta con siseos desvelándole sus secretos.

Una noche la niña sale de su dormitorio y ve que el animal disecado no está en su sitio. De pronto oye sus silbidos; la fantasía se ha hecho realidad. Asustada, no consigue moverse. El animal resopla, empieza a volar y le roza el camisón con un ala. Entonces, ella chilla con todas sus fuerzas; su abuelo acude a los gritos con la escopeta en la mano; todos los primos y la abuela se despiertan. El cazador apunta al búho y éste, a su vez, apunta al abuelo con el pico y, volando tan rápido como una bala, va directo a su corazón, le parte el pecho y se introduce en sus entrañas. Con el impacto, el hombre cae al suelo, el ave rapaz desaparece y el pecho de aquel se cierra. Las cejas se le empiezan a espesar, sus ojos se vuelven penetrantes y de color ámbar, con unas pupilas enormes transmitiendo pensamientos imposibles, unos nietos lloran, otros gritan y la abuela se desmaya. El anciano se incorpora, se acerca a una ventana abierta, extiende los brazos y echa a volar.

volarás marinela acrílico sobre lienzo
“Volarás”. Acrílico sobre lienzo. Cuadro de Marinela Fontoira

Marinela Fontoira

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