El Gin y el Ham (III) – por DANIEL CARAVELLA

El resto de la semana paso de forma efímera y cuando nos vinimos a dar cuenta era viernes, así que me hice una pequeña lista de cosas que necesitaba comprar entre las que se encontraba el vino para la cena. Al desconocer el menú, opté por la lógica. ¿Sushi?,  fijo blanco,  Chardonnay, Sauvignon, o Cava. Definitivamente los tres y  el Cava seguro que caía a los postres, como los cadáveres. La semana había sido de lo más sano así que abusar un poco del vino el sábado noche tampoco iba a suponer un delito flagrante,  «dos de cada». ¿Por cierto?, no me comento qué tan de formal sería el evento, dato más que necesario para no tener unos ojos verdes algo tirantes durante el convite. En fin, no me queda otra que llamar al anfitrión.

 

– Buenas… ¿David? ¿Cómo estás, ya lo tienes todo previsto? No me comentaste nada sobre la etiqueta,  ¿algo formal o desenfadado?

 

         – Hola. Si, nada formal. Bueno la chaquetilla, esa de  cocinero que llevas como segunda piel en plan Chicote, déjala en casa.

 

–  Estupendo, me vestiré de persona, creo que tengo una chaqueta y corbata sin estrenar. Bien, pues nos vemos mañana y a ver cómo me sorprendes… ¿Por cierto, desde cuándo has aprendido a cocinar?

 

         – En las Mañanas de Mariló. Hay un Oriental que se marca unas recetas súper guapas. ¿No lo has visto? Precisamente  de ahí la cogí,  es  fantástico. Sushi  Negro de Ognon et Pignon.

 

–  Acabas de liarla parda, sabes que no voy a parar de investigar sobre eso, ¿no? ¿Llevo Bicarbonato con el vino?

 

         – Tranquilo, ya lo he hecho muchas veces y está de rechupete. ¡Hasta mañana!

 

–   Abur pues.

 

Decidí dejar zanjada la conversación en este punto. Por lo pronto la información sobre la informalidad del evento estaba clara y solo quedaba justificar ante mi chica el llevar 6 botellas de vino, que para ser una cortesía era tremendo. No quedaba otra,  tocaba adelantarse  a los acontecimientos.

 

– ¡Mi «amolsón»! He hablado con David, y me ha dicho que nada de formalidades,  que no hacen falta tiros largos. ¡Ah!,  y que lleve algo más de bebida, pues no sabe si vendrán unos conocidos. (Acabo de meter la pata)

 

– Y ¿quiénes son?

 

– No me ha dicho. La verdad es que tampoco le he preguntado (Esto huele la tragedia)

 

– ¡Ah! ¿Y vosotros dos pretendéis, bueno tú, que yo me vaya de trapillo a cenar sin saber quién viene? Ya te puedes ir enterando.

 

– Bueno (mejor no insistir y posponer un rato el asunto en busca de una solución al dilema) le pondré un mensaje, no sé cómo no he podido caer en este pequeño detalle. De todas formas, si siempre vas de punta en blanco, ¿qué más te da quién venga?

 

– Cuánta ignorancia. Anda entérate, ya te lo explicaré algún día aunque dudo que seáis capaces de comprenderlo nunca.

 

– Por cierto, ¿has visto alguna vez a algún oriental en el programa de Mariló? Es que me han dicho que es buenísimo.

 

–  No tengo ni idea, ya sabes que no veo la tele. Míralo en la web, aunque es más fácil que cuelguen una de sus «patás», que una receta suya. Además ¿para qué quieres tu una receta de Mariló, estas tonto o vas a hacer un Máster?

 

– No, ha sido David, que me ha debido de tomar el pelo con su receta de Sushi negro de Ognon et Pignon, que dice que la ha sacado del cocinero oriental de Mariló, y ya sabes que cuando me da, me da.

 

– Pues ni idea. A mí me informas de quiénes son las posibles compañías, y el resto ya sabes que no me preocupa. Anda investiga, que además David de cocinero poco, poco,  poquísimo. Pensándolo bien déjalo no sea que tengamos que anular, que tú eres un poco hipocondriaco  y las seis botellas de vino esas que he visto hay que amortizarlas. Por cierto ¿lo de los amigos no será una excusa por el escaso vino que has comprado?

 

– Si lo miras bien, tampoco es tanto (me acababan de taladrar), el cava para los postres es lo que puede ser algo más exagerado. «Ains, qué lista es mi chica», por los pelos me estaba salvando, así que… Mutis, de puntillas  y salida por el foro.

 

No me dio tiempo a hacer nada más que el mutis. Al foro no llegue pues, con esa sutileza y don de hacer fantásticamente bien las cosas, noté, lo que debe sentir el balón de básquet cuando le hacen un tapón bajo el aro, una colleja de amor.

F GyH (III)

Daniel Caravella

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