El Faro de Rubjerg Knube – por ELENA SILVELA #misescritos

Estamos en Europa. El lugar de encuentro es la península de Jutlandia, en Dinamarca. A escasa distancia de la ciudad de Skagen. En 1899 se inició la construcción del faro del lugar, eligiendo para ello el enclave más elevado de la zona costera. La construcción fue rápida. El faro, imponente, tenía 23 metros de altura. Su ubicación había sido buscada con mimo por los ingenieros. Se hallaba en una colina alejada de la zona de dunas, a sesenta metros por encima del nivel del mar. Emitía luz en un radio de más de 40 kilómetros de distancia. Recibió el nombre de Rubjerg Knube Fyr.

 

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Rubjerg Knube Fyr

 

El enclave no podía ser mejor, pues sabido es que la península de Jutlandia es la joya preciada en Dinamarca. El tesoro costero danés. Repleta de acantilados, abruptos paisajes y dunas infinitas de belleza salvaje. Se trataba de una atracción turística de primer orden. El faro venía a culminar la seguridad costera, a asegurar la ruta marina de la zona. A preservar la tierra. Durante sus años de funcionamiento, lo hizo a la perfección. Autoabasteciéndose. Primero lo hizo mediante gas, luego con petróleo y, en los últimos años, a través una turbina acuática que generaba energía constante.

Pasaron los años y la naturaleza no perdonó. Generalmente, la naturaleza no perdona. Ni distingue entre parajes preciosos o abandonados, entre ciudades ricas o en desarrollo. En el caso del faro de Rubjerg Knube, los fenómenos de la naturaleza no fueron tan repentinos. La fuerza del oleaje y las tormentas locales vinieron, poco a poco, a elevar las dunas de la zona, haciéndolas cada vez más grandes. Rodeaban peligrosamente la zona del faro.

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Conscientes del problema que arreciaba al lugar, muchos fueron los esfuerzos empleados para tratar de preservar el Faro a lo largo de los años que siguieron. Se instalaron sistemas protectores de rejillas; e incluso se plantó hierba alrededor del faro. Frenar la escalada de las dunas fue tarea inútil.

En 1968, el faro dejó de emitir su luz, pues quedó inutilizado en su base, por la arena. Durante muchos años se reconvirtió en museo, habilitando el edificio cercano como cafetería. Hasta el año 2002. Una crecida repentina de las dunas acabo con la escasa utilidad del faro y sus edificaciones anexas.

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Elena Silvela

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