El domador de aves, por JAVIER PECES #escritos

Un científico loco es un científico loco se mire por donde se mire. Cuando se presentó en el Ministerio le tomaron por tal y tuvo que volver a su laboratorio sin ser recibido por alguien de relevancia.
Llevaba el discurso muy bien aprendido. “Pulso este botón y se dan la vuelta las aves, renunciando a su trayectoria natural. Así se puede salvar la bandada de los caprichos de este clima loco que una semana trae bañistas y la siguiente lleva esquiadores.”

De nada sirvió el intento, así que pasó de las palabras a los actos. Encendió el aparatito y se volvió a Barajas el vuelo que partía hacia Miami, con sus tripulantes y pasajeros tan perplejos como contrariados. Lo mismo pasó al Ave de Barcelona, que a la altura de Sigüenza emprendió el camino de vuelta sin acercarse siquiera a la Puerta de Atocha.

Lo peor vino cuando pasó la cosa a mayores, y los camiones de mercamadrid no pudieron entregar sus frutas en destino, los coches del atasco diario se volvieron a sus posiciones nocturnas en la periferia y los trenes de cercanías depositaron en origen a sus alucinados viajeros.

Alguien dio la alarma y llegó la noticia a las altas instancias. Pronto se decretó el estado de excepción y unos aeroplanos militares volaron en busca de razones para el parón de los transportes. Nada sospechoso, salvo que fueron afectados por la misma fuerza desconocida que hacía virar en redondo los demás ingenios mecánicos, devolviéndolos a la base de la que partieron un rato antes.
Llegada la noticia a instancias superiores, algún intermediario atento (a la ocasión para forrarse) hizo la fatal sugerencia. Nada podría con los grandes pájaros estratégicos de la NATO. Éstos levantaron el vuelo, se plantaron en minutos en el mágico lugar, viraron en redondo y volvieron a casa sin que los pilotos encontraran explicación lógica a ese comportamiento.

Desde aquel día y por el resto de la eternidad, volvió la apresurada muchedumbre a ser la buena gente del lugar. Se cambió el soberbio automóvil por el burro o, a lo sumo, por la bicicleta. Descendió el nivel de colesterol. Se redujeron las enfermedades que tienen su origen en la vida sedentaria. Bajó el estrés a niveles de los cincuenta.

Se apaciguó la prisa y se marcharon las multinacionales, que a este ritmo caribeño no hacían buen negocio en esta tierra. Floreció el comercio responsable, que en su pequeña escala no se veía afectado por el muelle invisible que devolvía las cosas espantosas a su lugar.
Los mandatarios de antes buscaron sin descanso al loco que amenazaba sus negocios, pero nunca apareció. Pronto abandonaron el solar patrio, en busca de territorios más adecuados para el lucro rápido y facilón. Los que mandan ahora disfrutan del ritmo pausado de los acontecimientos, y han prohibido de manera terminante buscar al autor o a su aparato, que emite silenciosamente sus ondas benéficas sin que nadie ose importunarlo.

 

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Javier Peces

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