El Destierro (VII) – por DANIEL CARAVELLA #relatos

– Ciudadanos Asamblearios, es para mí un honor presidir en esta mañana, otra jornada victoriosa para nuestro pueblo libre -, así comenzó el Intendente su alocución ante sus incondicionales.  – La asamblea está de fiesta, la fiesta de la libertad. La libertad, que un día nos hizo libres de la explotación regida por la podredumbre política corrupta empeñada en el sometimiento del pueblo, su hambruna, y la alienación del individuo libre. Hoy una vez más nos reunimos para recordar que un día este pueblo se liberó de las cadenas opresoras, y vengó la traición a la que fue sometida. Estamos aquí para demostrar al resto de la humanidad, que nos odia y vitupera, que somos los ciudadanos con la mayor garantía de igualdad y equidad judicial sobre la faz de la tierra –

Las hordas iban jaleando todas las frases, rompiendo en rugidos al oír ” la mayor garantía de igualdad y equidad”. Lamentablemente, nadie recordaría en ese momento las barbaridades cometidas cuando se instauraron por primera vez los juicios asamblearios. Por entonces los cachorros Bakunin no tenían la relevancia suficiente, sin embargo empezaban a ganar gran número de adeptos. Los juicios eran céleres, se juzgaban en grupos de diez o veinte. Los primeros en desfilar fueron todos los partidos políticos de la oposición, cuyos representantes y afiliados no hubieran renegado de los cargos, que en algún momento hubieran tenido que ver en delitos de prevaricación, o proferido alguna calumnia contra la asamblea. Siguieron clases adineradas, banqueros e inversores que aún no hubiesen abandonado el país, educadores críticos con el régimen, libre pensadores, escritores, y ciudadanos de a pie. La plaza Asamblearia se rellenaba con reos transportados en camiones desde cualquier punto del país. Las lapidaciones no se llevaban a cabo por entonces.  Todos aquellos que eran declarados culpables quedaban despojados de sus bienes y trasladados a los centros penitenciarios. Las cárceles se habían convertido en centros de hacinamiento de reclusión incomunicada, con supresión de todo derecho, hasta los más fundamentales. La situación carcelaria era insostenible, existían revueltas diarias que eran sofocadas por las milicias asamblearias.

La mañana del primer aniversario de la fundación de la Asamblea, los medios gubernamentales anunciaron una amnistía para todos los presos con excepción de aquellos que tuvieran en su haber delitos de saqueos financieros. Esto produjo cierto descontento entre la población, sin embargo las fuentes asamblearias apelaron al principio de re-educación que había experimentado los reclusos, virtud de la cual, y bajo vigilancia tutelada, procederían a la amnistía. Las excarcelaciones se demoraron varias semanas con el consiguiente desánimo de los reclusos. Pasaron de la alegría extrema de verse en la calle a la desesperación. Finalmente los medios informativos difundieron la fecha de liberación, una triste fecha para todos aquellos que guardaban en la memoria lo que ocurrió ese 20 de Noviembre.

– “Noticia de última hora: En esta mañana de 20 de Noviembre, día que la Asamblea Popular había destinado para la liberación y amnistía de los reclusos opositores a nuestra amada Asamblea, se han producido bárbaros amotinamientos de la población reclusa de todos los centros penitenciarios. Tras asaltar la armería, han atacado a las milicias asamblearias provocando su muerte y haciéndose con el control en un ataque brutal. Los amotinados han exigido a la asamblea la reposición de los derechos de todos los presos y la devolución a su estatus y pertenencias. Tras algunos intentos de negociación por parte de la Asamblea con el fin de que depusieran las armas, la población reclusa ha asestado un nuevo golpe a las instituciones asesinando públicamente a los negociadores. En virtud de tal brutal respuesta, la Asamblea ordenó al ejército asambleario que redujera a los insurgentes. Los reclusos fuertemente pertrechados con armas y explosivos no procedentes de los arsenales de las cárceles, por lo que se supone que han estado siendo financiado por grupos extranjeros, han reiniciado el ataque contra  nuestro noble ejército, que, aunque ha insistido en establecer una vía de diálogo para evitar un derramamiento de sangre innecesario, finalmente ha tenido que utilizar fuego de combate.

Hay que lamentar las bajas que se han producido entre nuestros notables soldados, sin embargo, la firmeza de la Asamblea ha conducido a la liberación de los centros penitenciarios de la lacra reclusa incapaz de aceptar la amnistía que se les había otorgado. El día de hoy se recordará como la fecha en la que los disidentes fueron eliminados por no aceptar la gracia del muy Noble y Justo Pueblo Asambleario”

Ciento veinte mil personas fueron borradas del mapa entre todos los recintos penitenciarios, ciento veinte mil almas culpables o no, ciento veinte mil almas cuyas armas consistían en docena y media de pistolas, palos y barrotes de hierro, y que fueron bombardeados por tierra y aire. El “Motín”, que sólo fue una protesta más de los reclusos duró dos horas. Los honorables soldados muertos eran militares con dudosa afinidad a la asamblea, ahora leales con un tiro por la espalda. De un plumazo la Asamblea había hecho desaparecer todo aquello que generase la más mínima de sombra de resistencia. Había engendrado en dos horas al monstruo del terror, y lo difundió hasta la saciedad para que se quedara grabado en el consciente e inconsciente  de los ciudadanos. Ya no habría nadie que quisiera enfrentarse a ellos. Se erigieron en la columna vertebral de la justicia. A partir de ese momento, todo estaría regido por el principio de “su Justicia”.

Un holocausto socio político económico planeado; sin embargo a la propia Asamblea le debió de parecer muy extremo, e ideó así los Juicio Resolutivos donde los propios ciudadanos aplicarían las penas en el momento de la sentencia, de tal forma que quedase exonerada de cualquier culpa. Como era normal, no iban a permitir que cada ciudadano fuera armado, así que admitieron la lapidación como medio eficaz para ejecutar las sentencias, y en caso de sublevación, no supondría a las milicias riesgo alguno. Además dieron a los cachorros Bakunin más poder para así controlar mejor los juicios y a los ciudadanos.

 

Destierro 1

Daniel Caravella

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