El Destierro (IX) – por DANIEL CARAVELLA #relatos

Un minuto, un minuto de incesante lluvia de cantos rodados, o con sus caras perfectamente aristadas, de mil tamaños y colores. Un minuto de lapidación y enterramiento. Imposible contar todos los proyectiles que incidieron sobre su cuerpo hasta que en la pantalla apareció su ficha, su identidad. Un minuto en los que pudo observar claramente que no había causa contra Dani, no, un minuto en los que pudo ver cómo CGR disfrutaba de no iniciar una causa contra su chica, y le daba la absolución en última revisión Judicial.

Antes de aparecer la imagen de su credencial, CGR se acercó rápidamente hacia el micrófono de la Plaza y voz en grito atacó a las masas, enfervorizadas previamente por él. – «Detengan inmediatamente esta barbarie, que todos los agentes acudan  a socorrer al reo. Se está produciendo un gravísimo atentado a la libertad del individuo. Quién ha juzgado a esta persona para que sea atacada así. No quedará ninguno de los asistentes exento de juicio»

Justo con las últimas palabras cesó el lanzamiento de proyectiles. Cuando los oficiales se acercaron no tuvieron el más mínimo miramiento, no comprobaron el estado y alcance de las lesiones, simplemente lo colocaron en pié y lo aproximaron al estrado junto a CGR.

–  «Este ciudadano, ha asistido hoy aquí para que le sea conmutada su pena. Este ciudadano, es un Asambleario Libre de toda culpa. Este ciudadano no es culpable del cargo que estamos examinando. Ustedes se han tomado la justicia sin haberse producido un juicio, no han examinado, no han comprobado. Toda esta concurrencia estará sometida a investigación y será penalizada convenientemente. Ahora me toca en nombre de la Asamblea solicitar a este ciudadano que nos disculpe del trato dado, y le expreso mi vergüenza ante la barbarie que aquí se ha cometido. Agente Lorelei, acompañen al ciudadano Daniel a los servicios médicos para que vean el alcance de las heridas»

La amabilidad de la agente duró hasta que las puertas de entrada a la Judicatura Asamblearia se cerraron tras de sí. No había médico, ni servicios sanitarios. Tal cual, fue llevado al despacho de CGR. No tardó mucho en volverse a encontrar con su captor, eso sí, primero escuchó al «Lord» dictar las pertinentes órdenes a todo su comidilla de agentes. «Ha sido un éxito, tendremos a toda esta mansedumbre despreciable a nuestros pies durante años. Quiero el nombre de todos y cada uno de ellos, incluir a los cachorros, de vez en cuando hay que recordarles que la Asamblea está por encima de todo. Agente Lorelei, asegúrese que se retiran todas las provisiones  previstas para alimentar a esta pandilla de desahuciados de la vida, y ante el mínimo conato de resistencia, arranqueles la nuez de cuajo

– No me lo tomes a mal, Daniel, has estado fabuloso. Ves, te dije que ibas a quedar exonerado de culpa, y lo he cumplido. Lo que ha sido una lástima es que ha sido un poco más tarde  de lo que tenía previsto, pero da igual, al final el objetivo se ha cumplido. Lamento informarte que los servicios médicos han tenido que salir por un caso urgente, así que no te podrán ver, aunque te veo recuperado y fuerte, cómo se nota que tus carreras te mantienen en forma. En fin, en unos minutos te traerán tu cédula de ciudadano asambleario con libertad de movimiento por todo el territorio.

Con muchas dificultades para respirar, pero con un gran anhelo, le miró fijamente a los ojos y le susurro,

– Carlos, eres el mayor hijo de puta que he conocido jamás, pero eso ya lo sabías, desde que tus padres eran novios. Si llego a saber esto, antes vengo. Ha sido un verdadero placer poder ayudarte. No te preocupes por los médicos, mientras no escupa sangre vamos bien, supongo que con una ducha rápida y una taza de chocolate caliente me encontraré mucho mejor. Lo peor será la vuelta a casa con toda esta sangre, quizá el conductor del autobús ponga pegas. No sabes lo agradecido que estoy de haberme encontrado contigo hoy –

La puerta del despacho se abrió en ese mismo instante. La agente Lorelei, entró con un sobre en la mano que depositó en las de CGR. Tras ella, al otro lado de la puerta, acompañado de dos agentes vio pasar a Javier. Sus miradas se cruzaron al paso y antes de cerrarse la puerta pudo oír nítidamente como decía, «te lo juro, no sabía que iba contra tí»

– Este Javier nunca cambiará. Una pena que su hijo se junte con personas de muy mala reputación. No me ha quedado más remedio que salvarle el culo, pero claro en atención a los muchos años que hace que conozco a su padre. Mira, aquí tienes, tu absolución. Tengo el mejor equipo, y la oficial Lorelei es mi mano derecha, mi «alter ego» diría yo. Por cierto, no te preocupes por el transporte a casa, he dispuesto que te acerquen. Considéralo un pequeño regalo de despedida por los servicios prestados

– No sé cómo agradecerte tus desvelos, sino fuera por estar hecho una calamidad te daba de abrazos. Y aunque pueda parecer descortés, no me lo tomes a mal, si está listo el transporte, ¿me puedo ir? No es por la compañía, ya sabes que me encantaría quedarme, y si es necesario hasta vuelvo a salir a la Plaza, pero seguro que mi chica se ha quedado un poquito preocupada, y me gustaría…

– Por supuesto. Agente Lorelei, acompañe al ciudadano Daniel hasta el vehículo que le llevará a casa. Tigre, me ha dado un gusto enorme el verte de nuevo, es una lástima que vaya a tener un montón de trabajo y me vaya a ser imposible volverte a ver. Prométeme que no te vas  a meter en líos, ya sabes que la Asamblea tarde o temprano hace justicia, y las ofensas se pagan.

La agente hizo el ademán de conformidad, y alargó la mano para ayudar al recién estrenado «ciudadano libre» a incorporarse.

– Muchas gracias. Hoy con tanta amabilidad me voy a sentir abrumado, como si me hubiera caído desde lo alto de un precipicio a una cantera. No sé cómo pagarlo. Bueno, cuando se me ocurra, os lo cuento. Una cosa más sólo, si no le importa a la agente Lorelei, me deja unos segundos con Carlos, seré breve, y aunque tarde un poco, ahora le alcanzo.

– No hay ningún problema, esperará un momento fuera. Qué es eso que…

– Nada, tranquilo, – se aproximó todo lo que pudo a su oreja, y le susurró – Ten cuidado con las prietas carnes de la agente y las  miradas a su culo. Algún día esta moza se sentará en tu silla, y tú estarás enterrado por error bajo la cantera.

CGR empezó a reírse. Abrió la puerta del despacho, y le obsequió con dos palmadas en la espalda que le hicieron doblar las rodillas. «Tranquilo Tigre, no le he enseñado todos los trucos, así que no hay peligro»

 

Destierro 1

Daniel Caravella

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