El Destierro (IV) – por DANIEL CARAVELLA #relatos

La plaza de los Asamblearios estaba casi de bote en bote, con un «murmullo-jaleo-fiesta sádico salvaje descomunal» viendo imágenes de juicios sumarísimos de años anteriores. Una barbarie popular sin sentido ni razón, pero que año tras año había ido en aumento fundamentalmente por el hambre y por el terror. La asamblea obsequiaba con barra libre de comida y bebida a todos los presentes, incluso era permisivo con el  avituallamiento para casa. Una vez dentro, eras monitorizado e identificado. Lo que hicieras en el juicio quedaba registrado para su revisión posterior por los comités disciplinarios. Si en un juicio apoyabas la opción contraria a la elección «Asamblearia» asistente, tenías que dar muchas explicaciones al respecto. Si un año  asistías, pero al siguiente no, las huestes asamblearias se presentaban en tu domicilio para pedir las explicaciones oportunas salvo que hubieras justificado la falta de antemano. Ante tal cúmulo de circunstancias, los ciudadanos decidían que era mejor asistir, hacer acto de pillaje subvencionado, y apoyar al «Iletrado Asambleario» evitando después la tortura de preguntas y respuestas, y como no, ser arte y parte del juicio, que podía acabar con una lapidación, nunca mortal, si conseguías que alguien te recogiera y tuviera los suficientes conocimientos médicos como para salvarte.

– Buena jornada Asamblearia -, saludó al oficial de recepción.

– Buena jornada ciudadano. ¿Qué motivo le trae hoy aquí? No le veo provisto de los penalizadores estandarizados asamblearios,  ¿piensa adquirirlos dentro?, le advierto que han asistido muchos ciudadanos y no sé cómo estarán las existencias. Quizá debería plantearse comprarlas fuera, son un poco más caras pero le aseguro que aciertan lo mismo. Particularmente conozco un vendedor que los suministra un cinco por ciento por encima del precio, pero son oficiales y no tendrá problemas para poder entrar.

– Ah, se lo agradezco oficial, pero en esta ocasión puede que haga acopio desde abajo. Vengo a hacer una revisión Judicial ante el tribunal.

– Entendido. Sus credenciales por favor.

Extendió su DAC (Documento Asambleario del Ciudadano) y la carta recibida. El oficial revisó con minuciosidad, como el que intenta desactivar una bomba, le devolvió la documentación, y en tono solemne se expresó.

– Ciudadano Daniel, en el día de hoy no están previstas revisiones, sólo juicios sumarísimos, así que o bien se trata de un error en la fecha, o han modificado su estatus. Pase un momento, que cotejo la información. Espéreme aquí junto a la oficial Lorelei voy a ver si  me indican  en qué situación se encuentra.

– No me queda otra opción oficial. Está claro que el Tribunal no se equivoca, y cualquier modificación se deberá a algo que intentan corregir y subsanar. Cumpla con su cometido, yo esperare a que regrese en compañía de  la Agente.

Odiaba tener que bailarles el agua, pero toda palabra era analizada para ver las intenciones, aunque no negaba que le resultaba bastante hilarante ver las caras de “no me entero de nada, pero tiene usted razón” con la que le miraban algunos.

Mientras esperaba el retorno del oficial, intentó hablar con la oficial Lorelei, una joven de estatura colosal, y con una musculatura que se le transparentaba tras el uniforme de manera exagerada.

– Tenemos una muy buena jornada para celebrar los juicios, seguro que hoy tendremos un pleno total ¿Sabría decirme qué capacidad de aforo tiene la plaza? No me hago a una idea, dos mil, cuatro mil.

– Según las notificaciones que hemos recibido, diez mil personas en el interior, y tres mil por cada pantalla colocada en las proximidades, que son unas cinco. En total veinticinco mil personas, sin embargo se han habilitado otras cinco pantallas más en otros tantos puntos de la ciudad. Hágase las cuentas si lo desea.

Que maja, pensó para sí mismo. Estos ñurdos se van superando cada vez más, y la cantidad de comida que deben de tener preparada para toda esta prole debe ser inconmensurable.

– Veo que es muy joven, permítame la licencia, lo que demuestra que es de un gran valor para la asamblea. Hay pocos jóvenes capaces de llegar a la categoría de oficial a tan temprana edad. Eso es para estar orgulloso. Supongo que sus progenitores  lo estarán.

– He sido la primera de mi promoción y la mejor cualificada en los últimos cinco años. El resto no le interesa, salvo que me he hecho a mí misma, pues mis padres fueron sentenciados por la Asamblea al cumplir yo los doce años, como consecuencia de una denuncia que interpuse cuando descubrí que robaban y almacenaban agua.

Definitivo, una chica magnifica. Ideal para tenerla como nuera

– Es obligación de todo Asambleario denunciar actos delictivos. En fin, permítame que me alegre por sus éxitos académicos y profesionales, que seguro serán muchos más.

– ¡Tigre, que bien te veo, y raro sería que no estuvieras en compañía de una guapa mujer!

Por unos segundos palideció. Sólo conocía a una única persona que saludara así a alguien, dicho sea de paso cuando estaba de buen humor.  Intentado no palidecer, y sin soltar la sonrisa que le esgrimía a la joven, se giró lentamente.

 

Destierro 1

Daniel Caravella

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