El desafío independentista – por PILAR RUBIO

Ya están entre nosotros.

Leí con estupor hace unos días esta noticia: “Las juventudes de la CUP cuelgan una estelada en el Puente de Segovia, Madrid”. Lo más asombroso era la fecha, 1 de septiembre. Pero, criaturas de Dios, provocadores inexpertos, inocentes, ¿a quíén queríais desafiar en Madrid, en la primera mañana de septiembre, en el Puente de Segovia?

Dejadme que os explique.

El 1 de septiembre cayó en viernes.

Los pobres desgraciados que aún no se habían ido de vacaciones bastante tenían con su ansiedad y su humano resentimiento hacia los ociosos, como para sentirse retados por una bandera que, francamente, la mayoría no diferenciamos de la de Aragón o la de la Generalitat. Que sí, que es otra, curritos madrileños, son distintas. Mirad la wikipedia si no me creeis.

Los, aún más desgraciados, que se incorporaban a trabajar un viernes, esa mañana ocupaban su tiempo y pensamientos en rumiar el rencor de ser pobres.

Los que aún no se habían incorporado no se enteraron hasta media mañana en el mejor de los casos. Y, entre el equipaje, el viaje con los niños y el pensar con nostalgia en el final del verano, estaban a otras cosas.

Los intocables, el último escalón de la sociedad, es decir los becarios, los que ya no saben lo que es irse de vacaciones, se arrastran por el suelo las mañanas de viernes. Con los ojos muy bajos, nunca miran el Puente desde que pusieron el sistema antisuicidio.

Esfuerzo inútil pues.

Por otra parte, en Madrid, como en Barcelona, Valencia y otras grandes ciudades, estamos hechos a tantas banderas, pancartas, reivindicaciones, pintadas en los muros y demás, que ya no las leemos. A ver, juventudes de la CUP ¿había alguien de Barcelona entre vosotros?, lo dudo mucho. Se habría reído un montón de vuestra idea.

Un consejo último para la próxima vez que queráis provocar las iras de una gran parte de los ciudadanos de Madrid: colgad el escudo del Barça en la mismísima puerta del Santiago Bernabéu, a ser posible si el Madrid perdió. Luego si queréis, le ponéis además una estelada, la lista de la compra, un recibo de luz o lo que sea. La revuelta civil está garantizada.

En el Puente de Segovia nunca.

El Puente de Segovia es territorio atleti.

Y de currantes.

Hablando un poco en serio, los habitantes de ese enorme monstruo que es Madrid, de grado o por fuerza, nos parecemos mucho a vosotros.

Podría decir, a riesgo de ofenderos, que somos iguales. Nuestras preocupaciones son muy otras. No vamos por ahí pensando todo el día en quien nos desafía. Porque nos desafían otras cosas. Mantener un trabajo o conseguirlo, llegar a fin de mes, intentar perder los kilos que imprudentemente ganamos en verano, ver si nos sigue valiendo la ropa que compramos en rebajas, tratar de ser felices, soportar a la suegra o al cuñado que en mala hora vino de vacaciones con nosotros.

Esas cosas de siempre, a veces muy triviales, a veces importantes.

Cuando oigo lo de Madrid dice que, como argumento en contra de, lo que siempre pienso es ¿Madrid dice?, ¿cuántos millones de personas lo van por ahí diciendo?, ¿o lo decís por unos cuantos? Aclaradlo, por Dios, que nosotros no salimos del asombro. ¿Qué yo he dicho qué?, ¿pero a mí qué me dices? Si yo soy un currito como tú, que además suele admirar a Barcelona.

Es que Madrid es facha, oigo a menudo. Lejos de mí el pensar que caéis en los mismos errores que decís denunciar pero, ¿estáis seguros de que 3.166.000 personas (en 2016) somos fachas, nacionalistas españoles irredentos, intolerantes y tal? Un poco de respeto, por favor.

Y un poco de viajar y hablar con gente.

Incluso de Madrid.

Pilar Rubio

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