El Corsario Negro (o yo mismo por estas calles) – por GUILLERMO URBIZU #poema

Es difícil asaltar la fortaleza de Maracaibo,
que se proyecta tantas veces en la vida.
Llegar hasta allí por sorpresa
-atravesando la selva
y la salva de proyectiles-, es casi un imposible.

Emilio di Roccanera, signore de Ventimiglia,
es un hombre sumamente inteligente,
de ánimo voraz e implacable.
Aún escucho el estallido de las olas,
las voces del capitán alertando de los bajíos,
a bordo del Rayo. Siempre adelante, siempre adelante.

– “¡Recoge la vela maestra y la gavia,
bracea el trinquete, tensa la vela cangreja!”.
Al abordaje de sus sueños (de mis sueños) y de la sangre.
Tiene que consumar su venganza, cueste lo que cueste.

La selva es muy espesa. Los machetes se abren paso
con dificultad, dando mandobles a las tinieblas.
Los hombres se cansan y juran
y dudan del buen juicio de su jefe.

El barro hace muy lenta y cansina la vida.
Es desesperante. Apenas se ve el sol
o las demás estrellas.
Cuesta diferenciar la noche del día
en aquel infierno vegetal; plagado de insectos,
de sinuosos reptiles, y de esas fieras
que se agazapan en la noche del alma,
cuando el miedo cobra forma de pesadilla
y nada pueden hacer las espadas.

La muerte y su posibilidad
se ciñen a cada movimiento.
Los músculos se tensan. El sudor empapa
la piel curtida de sus rostros, que brillan.
Escupen y maldicen una y mil veces su suerte.

Ningún jaguar o yacaré o veneno podrá detenerle
(ni podrá detenerme).
Ni la intrincada vegetación, ni las arenas movedizas.

 

velero-corsario

Guillermo Urbizu

Guillermo Urbizu Ha publicado 20 entradas.

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