El Caso del Libro del Coro

Revuelo en el Mercadillo de Feria. Un paisano ha pillado a un vendedor intentando colocar un Libro de Coro del siglo XVI. Aunque Mercedes, la librera de La Boutade, matiza y dice que de vendedor, nada. Llevo tiempo de cliente y me tomo confianzas.

– Quieres decir que a un vendedor no le hubieran pillado ¿no?.

– Calla, tú, abogado. Siempre dándole la vuelta a todo. Y yo me rio con ella, que de ella aún no me atrevo.

– En serio, ¿es un original del siglo XVI?

– No lo he visto. A mí no me lo ofreció. Ya ves. El único puesto de libros y no se me acerca.

– La Boutade no es el único puesto de libros.

– Define puesto, listo. Los otros son librería- quincallería- mercería. Razón lleva pero el Grupo de Patrimonio Histórico del Cuerpo Nacional de Policía

– La Poli, no hace ese distingo y llevan media mañana interrogando a todo el que expone libros.

– Un por si acaso- me comenta Mercedes.

-Ahí llegan.

– Y me llama a su lado: Tú aquí de abogado defensor, que luego te lo pago en libros. A cada abogado se le soborna con algo, me digo y acepto apoyándome con manos de propietario sobre los tomos impares de la Enciclopedia Británica, edición 1967. El miembro del Grupo de Patrimonio Histórico del Cuerpo Nacional de Policía

– El Poli se planta ante nosotros, piernas separadas y manos en la hebilla.

– Buenos días Señora.

– Señora – contesta Mercedes – y Señor. Este es mi abogado. El Poli, se sorprende. Como no lleva gafas de sol, ni sombrero, ni se baja unas ni se quita lo otro, pero sube la barbilla a modo de saludo.

– Comprobación de rutina. No creo que un abogado sea necesario a menos que…

– A menos que qué. Pierde la paciencia Mercedes pronto, con dos frases y El Poli acusa el golpe.

– A menos que nada, Señora. Y en retahíla: ¿Ha visto el libro? ¿Se lo han ofrecido? ¿A quién compra su género? ¿A quién vende? ¿Son antiguos o solo viejos? ¿Tiene almacén cerca?

– No lo he visto. Compro a quien vende, vendo a quien compra, solo libros viejos y el almacén está a dos pasos ¿quiere verlo?

– No. Me basta con el género que tiene expuesto. Y Mercedes, como a puerta gayola (que esto es Sevilla), le permite pasar al centro que forman las tres partes del puesto. El Poli mira sin mucho interés, pasando un índice sobre los tomos, pero sin levantar ninguno. Diez minutos le parece bastante para repasar más diez años de compraventa que lleva Mercedes. Se marcha dando las gracias y a sus espaldas Mercedes, estalla:

– No imitarán estos a Pepe Carvalho, o a Montalbano o ya puestos a Sam Spade. Y no termina el suspiro cuando el miembro del Grupo de Patrimonio Histórico del Cuerpo Nacional de Policía – El Poli, se vuelve y le espeta:

– De hecho señora, ahora que lo dice prefiero a Samuel Esparta ¿ No lo tendrá por ahí? Mercedes se asombra y yo me asombro en mis prejuicios

– ¿Lee usted a Ramiro Pinilla?

– Pues sí abogado, El Poli sabe leer y lee – me dice.

Y Mercedes, encantada, se presenta: – Mercedes. – Paco. – Verás Paco Lo vendí el jueves pasado… pero volverá. Es un habitual y siempre se los recompro. Pásate el próximo jueves. Y Paco asiente y se marcha.

– Abogado prejuicioso – me insulta Mercedes.

– Pues anda qué tú. – Pero yo me he callado… Y como parece que pillado el caco, El caso del “Libro de Coro del siglo XVI en la Calle Feria” no dará para mucha novela, Mercedes rebusca y me larga “La promesa” de Dürrenmatt como pago. Leo el subtítulo: “Réquiem por la novela policíaca”

– ¿Tú crees Mercedes?

– Tú dirás ¿Quién va escribir nuevos casos si pillan al malo antes que la policía aparezca y cuando ésta aparece, compra libros?

 

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Luis Casas Luengo

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