El caminante y el halcón – por JOSÉ LUIS RECIO

Cuando luz y sombra alcanzan un marcado contraste, el calor quema la maleza y los guijarros crepitan bajo la suela de las botas, un joven ornitólogo, su rostro y brazos bronceados por un despiadado sol del desierto, camina por un sendero. Dos horas antes, marchaba por un desfiladero entre castaños y plantas de hojas anchas, siguiendo el curso del sílfide de cola larga, una especie única de colibrí, para, si la oportunidad se presentase, capturarlo. ¿Cómo fue que perdió su curso y ahora se encuentra en este caluroso valle?

Con la palma de su mano, el joven se limpia el sudor de la frente. Está disfrutando de la experiencia, no obstante: la vista de las lejanas colinas, el dorado campo, el verde cactus con su fruta roja, el sonido de sus pasos… ¿Pero cómo ha llegado él hasta aquí? ¡El Sílfide Azul lo hizo! En su imaginación, él ve otra vez aquel excepcionalmente grande insecto azulado que, surgiendo de un arroyuelo que corría justo al borde de la vereda por la que caminaba, gira hacia él hasta que su pálida cara, como de muñeca, lo mira fijamente: ”Yo soy una sílfide, y en nuestro mundo, nos protegemos los unos a los otros. Deja al colibrí en paz”. El viento trae estas palabras a sus oídos, así que el insecto bate sus alas. En aquel momento, una fuerte corriente de aire llega hasta él y nota que lo desplaza. Y ahora, aquí está, caminando por un sendero polvoriento.

Está tratando de orientarse cuando un pájaro grande, posado en la punta de un cardo solitario, acapara su atención. Es un halcón. El ornitólogo se acerca más al pájaro. ¿Qué verá en mí esta ave de rapiña? El halcón aprieta sus garras con fuerza. El joven admira el cuerpo alargado del ave, las plumas de un color castaño, el pico curvado en la punta y las poderosas garras. Lentamente, se va acercando aún más al pájaro, agarrando las tiras de cuero de su mochila, y entonces ve manchas de sangre en la pechuga. Se detiene al borde del sendero, en frete del halcón, el cual adopta ahora una pose arrogante y desafiante. El pico aparece manchado de sangre también. El joven aborrece lo que está viendo: el halcón ha atrapado una paloma blanca, que sangra, moribunda, entre sus garras. De nuevo, aparece la Sílfide Azul, aleteando en el aire entre él y el halcón: “Renuncia a tus intenciones de capturar el colibrí de cola larga. Mira lo que le está pasando a esa paloma blanca”. Una suave brisa le trae estas palabras.

Mucho que aprender, reflexiona el caminante, y apela a su intuición para encontrar su rumbo.

 

El cuento “El caminante y el halcón” es una traducción hecha por el autor del original publicado en inglés bajo el título “The Hiker and the Hawk”, que apareció por primera vez en la revista Aether and Ichor, con fecha de febrero 26, 2017 (www.aetherandichor.wordpress.org). Se trata de un cuento de fantasía.

 

José L. Recio

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