El banco de piedra del que un día me enamoré – por PEDRO PABLO MIRALLES

A Casa Solidaria,
a “mi gente sencilla que no espera nada” (T. S. Eliot)

 

Anocheció un día de invierno frío en la realidad de la plaza de Tirso de Molina, el bullicio amigo y la alegría contagiosa de gente sencilla que no espera nada volvería al día siguiente, otro día más, otro y otro, en ese momento mucha de esa gente buscaba calorcito entre mantas y cartones en lugares más protegidos de la ciudad para pasar la noche al abrigo, por la mañana temprano el bueno de Mustafá había emprendido sólo su viaje infinito y maravilloso desde el habitáculo del cajero automático situado a escasos metros de allí, todos nos fuimos un poquito con él, atrapado por la realidad me quedé un ratito mirando al centro de ese espacio público tan madrileño, entrañable y popular ahora vacío, hice una fotografía con el móvil para dejar constancia del banco de piedra del que un día me enamoré, él lo sabía todo desde hacía tiempo, dejé pasar un momentito en ese silencio saludable que todo lo llena e invade, me retiré despacito y pensando…, pensando.

El banco de piedra del que un día me enamoré

Pedro Pablo Miralles

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2 comments

  1. Me ha gustado mucho el texto de “El Banco de Piedra del que un día me enamoré”, que me trae recuerdos de alguno de los relatos de Dickens, y al cual me encuentro fuertemente vinculado desde hace un poco más de un año.

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