El aura – por MARIBEL MONTERO

Tantas veces se nace y se muere…
se rompe una y se recompone,
que el pasado resulta extraño
y el futuro es una pieza suelta colgando
como cornisa inestable.
Hoja zarandeada, tu cuerpo tan sensible al dolor
fue arrastrado entre el fango violento
y suplicaste una y mil veces piedad
como suplica el que, sin llegar a caer,
tampoco vence.
Te aferras a los ritos,
a baladas que alimentan anillos de calma
y repetición. Tal vez sientas añoranza del agua que bebiste
y del pan comiste (Aquel agua no existe, aquel pan
desapareció)
Alza la cabeza y deslízate confiada como un cisne.
Reconocerás tu grandeza, y el corazón
será libre para las siguientes venas.
No temas, estás a salvo, tu alma camina segura
ella tiene un cerrojo,
pero nunca perdió la llave.
Más allá del grito,
de la emoción soluble,
resplandece el aura como una flor de terciopelo.
No importa que las manos desesperen
las manos de tierra viva
tarde o temprano tendrán su pan servido
la música y los azahares que trastocan los sentidos.
Y el nudo que tejes
será desatado en un juego de estaciones y hechizos.
La larva, la diminuta larva que se asusta cuando contempla
la inmensidad del universo,
será indultada en la ceremonia azul de las estrellas
en el vaivén del aliento
y los zapatos del regreso.
Asumes la condición de prórroga.
Aunque sólo tengas una rama como hogar
en este sitio que no es el tuyo
que observas con ojos incrédulos.

 

 

Maribel Montero

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