El almario – por LUISA CRUZ PICALLO

Mi querida prima Alicia, que se nos fue el año pasado decía que no se debe comprar nunca ropa si no hay sitio en el armario. Parece una cosa obvia, pero no lo es. Y es que hay que desprenderse de lo que ya no se usa para hacer hueco a algo nuevo. A eso le llamamos “renovar” el armario.
Fani, que es de un pueblo de Toledo y que habla un castellano estupendo al amoniaco le llama “almoníaco” y al armario el “almario”. Me encanta esta palabra. Será tal vez el almario ese sitio donde escondemos el alma para que no nos la rompan, o quizás sea un secreter pequeño en el que la guardamos para no exponerla al juicio de los otros.

En todo caso renovar, renovarnos es un ejercicio sano y necesario. Pero no me refiero al armario, claro.

Renovarnos es hacer un minucioso examen de nuestra vida presente, de lo que funciona y de lo que falla.

Y enmendar, rectificar, encauzar el rumbo de nuestra existencia, desechando lo que no funciona y dejando entrar nuevas soluciones para seguir viviendo, para no convertirnos en un vegetal. Para que la rutina y el aburrimiento no nos lleve al conformismo, ni al nihilismo.

Las personas mayores, entre las que me incluyo, a veces. nos creemos muy modernos porque una vez rompimos las reglas y nos separamos del resto de los mortales. Lo malo es permanecer en esa dinámica después de cincuenta, o sesenta años.

Vestir de hippy, o de vampiresa con 80 años solo puede ser gracioso, o patético. Eso no es rebeldía, es haberse quedado colgado en el tiempo. Eso no es ser moderno, es lo más anticuado del mundo.

Admitir que los años nos van comiendo la vida y que debemos poner en orden nuestros asuntos de aquí en la tierra se nos va haciendo urgente, olvidar los rencores que condicionaron nuestro pasado, perdonar las ofensas que nos acercaron al odio, arrancar los problemas antiguos enquistados en nuestros corazones.

Priorizar el valor de la familia y el respeto.

Mirar a la vida, a los otros con la mirada humilde de los años, de saber más por viejos que por sabios.

¿Renovarse, o morir? No, renovarse para poder vivir en paz con uno mismo.

 

Luisa Cruz Picallo

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