Echar la vista atrás

Mis dedos sobre las teclas se hacen conscientes de la solemnidad del último escrito del año. Es momento para echar la vista atrás. Hacer recuento, balance, recreación aleatoria de sucesos sorprendentes. Si hubiera de ser breve, reconocería que ha sido este 2013 un año grotesco. Grotesco, infame, lleno de angustia y plagado de decepciones. De ello fácilmente puede deducir el lector que estoy deseando decirle adiós. Adiós, Goodbye, Farewell…  con una franca sonrisa y gran alegría en mi corazón. Tanta gloria lleves como paz dejas.

Echar la vista atrás en el tiempo no es tarea simple. Los recuerdos fluyen en desorden, algunos ya no son muy cristalinos pero se mantienen con avidez difuminada en la recámara.  Otros no son estrictamente del marco temporal del 2013, pero recurren. A mi mente ha venido hoy el recuerdo de mi hermano. No llegó a nacer. Ese hermano tan deseado que nunca tuve. Como ese hijo, tan esperado, que tampoco. Parte de las vidas se componen de una amalgama de deseos no cumplidos que se almacenan en la ilusión, se aparcan en un lugar de la mente llamado imaginación y se traen a colación en instantes de importancia.

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Foto: babiography.net

He recordado de este año la angustia. Sobre todas las cosas, la angustia. Es una mujer inolvidable. Te abraza con pasión y no te suelta. Venía a visitarme en horas ociosas, consciente de su papel protagonista en la situación que invadía cada esquina de mi casa. Cerrar una empresa familiar es un trauma, es haber tomado plena conciencia de un fracaso. Al alivio de comprender que con el cierre ya no es necesario sufragar más pérdidas mes a mes le sigue la macabra situación de encontrarse sin subsidio, sin ingreso alguno. Comenzar a buscar trabajo sin saber cuándo se logrará el objetivo es tomar conciencia de un fracaso anterior y saltar al abismo temporal. Uno procura tomar como compañeros de viaje al optimismo y la esperanza, pero los meses son implacables. Transcurren, anodinos. Uno se recluye en su concha e inmoviliza su cuerpo, como si con ello se pudiera ahorrar dinero. Junto a ello, también recuerdo haber pensado una y mil veces en la ignorancia, en la falta de empatía, en que algo estábamos haciendo muy mal en el mundo cuando bien pocas personas, contadas con los dedos de una mano, se interesaban por la incertidumbre que se había instalado en mi casa. Incluso algunos se permitieron el lujo de considerar que la situación no era digna de angustia. Consideraciones y juicios hay muchos y se asemejan a los consejos, en su inutilidad y falta de diplomacia.

Sí. ¡Sí! Puedo rememorar un éxito en este 2013. Rotundo, muy esperado. Tremendamente luchado a lo largo de tres años. Un día de sol radiante entre tanta lluvia. Un reconocimiento a mi persona, a mi inteligencia, a mis cualidades. Un cambio de rumbo en el que absolutamente nada se parece a lo anterior. Un logro que se grita a pleno pulmón en el interior de uno. Recuerdo todas y cada una de las felicitaciones que recibí por ello en forma de misivas secretas. 

Mas volviendo al global del tema, el balance del año es árido. Muchas nubes negras con un diminuto arco iris. Muchos problemas y decepciones y bien pocas alegrías. Quiero despedir al 2013 cordialmente. Con un puente de plata de enormes dimensiones y unos patines a propulsión. Mandarle a tomar viento fresco sin acritud. Deseo enterrarle muy lejos, más allá de mis pensamientos cotidianos. Poner tierra de por medio a base de pequeños logros durante el 2014. Un nuevo año que no puede ser peor que el anterior. Podría poner esta última frase en mayúsculas pero considero que el Universo es avezado y se dará por enterado ipso facto. Muy Feliz Año Nuevo a todos. Ojalá venga cargado de cosas buenas. Sed inmensamente felices.

 

Elena Silvela

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3 comments

  1. Pues… para que te cuento, no sé las dimensiones, ni las longitudes, pero el mio fue parecido. Abro la ventana para ver verde ESPERANZA¡¡¡ UN BS

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