Duermevela – por EVA MARÍA CASTILLO

A veces era difícil conciliar el sueño teniendo miedo de perderme cualquier momento de tu frágil respirar. A veces, incluso antes de cerrar los ojos, te volvía a mirar sin conseguir apartar por un instante tu imagen en mi duermevela.
Esta promesa confiada a mi cuidado, tanta vida reflejada en tus pequeñas manos. La inocencia, la ternura, la verdad de la belleza amada reunida en tu rostro cuando miras y sonríes. Este regalo lleno de cambios y de renuncias, de aprender a vivir de nuevo, nombrar colores, explicar emociones, cantar bajito acariciándote el pelo para que descanses mientras pienso en el mundo, tan conocido y buscar las palabras para intentar explicártelo despacio según lo vas descubriendo porque también comienza a ser nuevo para mi.
Tantas noches, mientras te esperaba, me descubría sonriendo sin motivo, muchas te pensé así, bastaba mirar tus ojos de mis ojos, tus manos de mis manos, tu piel de mi piel, ahora tuyo, antes mío, la primavera y el invierno, esperar a que se cumpliera el tiempo para acunarte en mi pecho y volver a ser uno mientras que nuestros latidos se acompañan buscando el cobijo confiado.
Cada día de esta vida compartida estaré soñándote sueños que te protejan cuando tengas miedo, cuidándote en mi corazón cuando te sientas abandonado sin poder evitarte el dolor del desengaño y la rabia del fracaso, con la seguridad de que te hará fuerte cruzarte con la espina del rosal y buscarás el calor del abrazo amigo cuando conozcas el sinsabor del camino empedrado.
Te enseñaré a caminar, te abrigaré cuando tenga frío y elegirás tu futuro con esos ojos abiertos al asombro viendo los pájaros emprender su vuelo, mientras tanto, a veces, como tantas veces, me quedaré con este momento que nos llena de ternura.

Eva María Castillo

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