Don Saturnino Alcolea – por FRANCISCO NAVARRO

A don Saturnino Alcolea, inventor, le pasó como a su bisabuelo materno cuando estuvo en la casa de baños de Fortuna, Murcia. Inventó, e incluso fabricó un ingenio para enjalbegar aprovechando la fuerza del aire comprimido. Un depósito metálico en el que se introduce la cal líquida, previamente tamizada; por medio de un émbolo que está dentro de la redoma y al incidir en éste mediante unas manijas similares a las de una bomba de hinchar ruedas de bicicleta, aumenta la presión del calderín, empujando a la cal al exterior a través de una tubería flexible acabada en un boquilla ad-hoc. Cuando don Saturnino Alcolea fue a patentar la cosa, descubrió que cinco años antes lo hizo un tal Parra de Tomelloso.

Don Saturnino, como antes su pariente, ni desfalleció ni aflojó las ganas inventoras. Ahora mismo, en el obrador de don Saturnino, ratonea un cilindro de ciclomotor al que ha hecho una serie de modificaciones para aumentarle la potencia y paradójicamente descender el consumo de combustible. No sabe que el engendro está patentado desde hace más de cincuenta años, por dos ancianos de su gremio, que durante años lucharon a brazo partido contra la “Aeronáutica” y que gracias a un concurso radiofónico consiguieron el dinero para acabar la máquina y patentarla.

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Foto de FRANCISCO NAVARRO

Francisco Navarro

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