¿Dios existe? – por PEDRO PABLO MIRALLES

Necesitó una misa previa, el agasajo de representantes y prebostes de unas cuantas confesiones religiosas, no todas y menos la musulmana, reverendos y pastores evangelistas, arzobispo y cardenal católico, rabino judío y el ensalzamiento de un coro mormón. Después de que su Vicepresidente terminase el juramento pidiendo que Dios le bendiga, juró él también el cargo de Presidente del Imperio ante el Presidente del Tribunal Supremo del país y dos Biblias, a falta de una, sobre las que puso solemnemente la mano izquierda y terminó la formula constitucional con ese “que Dios me ayude”.

En su discurso posterior al pueblo norteamericano, ya investido Emperador, dijo que juntos “podremos determinar el curso de Estados Unidos y del mundo en los años venideros”; “a partir del hoy, una nueva visión regirá nuestra tierra” y “a partir de este momento, será Estados Unidos primero”; con patriotismo y sin prejuicios, no dudó en citar la Biblia: “Qué bueno y que agradable es cuando el pueblo de Dios se reúne en armonía”; dijo que “estaremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro ejército y nuestras fuerzas policiales y, lo que es más importante, estamos protegidos por Dios”; tras otra mención al “Creador todopoderoso”, terminó su alocución imperial con un “Dios os bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos”.

Caray con ese Dios que, como dice Salim Bachi en su reciente “Dieu, Allah, moi et les autres”, anotará todo en su libreta y repasará las infracciones a su Ley, de la más pequeña a la más grande y nos expulsará al infierno para siempre, no hay opción, infierno y condena.

Salvo en el territorio del Imperio y parafraseando al gran Atahualpa Yupanqui, que sigue sin faltarle razones, “he visto tanta pobreza, que yo pensé con tristeza, Dios por aquí no pasó” y, de paso, como referencia territorial más próxima a ese Imperio, retoma actualidad Nemesio García Naranjo, que no el dictador Porfirio Díaz, cuando afirmó: “¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los americanos!”.

Pero tranquilos, si todo fuera como dice el nuevo Emperador, está claro que Dios no existiría y lo confirmarían teólogos, pensadores y filósofos de todo signo. Adiós, que cada uno piense lo que quiera pero que no moleste, tengamos presente la que nos puede venir encima si no andamos con cuidado. Exista o no exista, que dejen a Dios en paz y a nosotros también, que nadie nos lo meta hasta en la sopa y menos en la política.

Pedro Pablo Miralles

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