Diario de un hombre solo.- Lunes, 19 de marzo

Lunes, 19 de marzo

Me he levantado esta mañana con un dolor de cabeza de los de aúpa, bestia de verdad. Feliz día del padre, Ricardo

Me parece increíble pero son los pequeños detalles del día a día, más aún que los grandes, los que me recuerdan machaconamente que Marieta ya no está. Y no es es una pesadilla de la que despertaré.

Antes de salir para el colegio esta mañana ha venido mi hijo pequeño y me ha dado un abrazo y un beso pegajoso de cacao. No puedo evitar sentir rechazo, siempre me lo ha producido lo sucio, aunque sea infantil; y si es pegajoso, más. El ser ahora el único responsable real de mis hijos no me convierte, de forma automática, en el padre de libro que gusta de contar cuentos y sentir besos húmedos y pegajosos de consuelo mutuo. No puedo. No quiero.

Goyito lo notó y, dolido, dió marcha atrás murmurando un “Perdona, papi” que, a mi pesar, ha hecho que me conmueva y, a la vez, me sintiera algo culpable. Lo abracé asumiendo, fastidiado, que habrá que llevar la chaqueta al tinte y me tendré que lavar la cara de nuevo. Con jabón.

No. Perdona tú, hijo, estoy de mal humor y triste; además, estoy cansado. Lo abracé de nuevo. Yo también echo de menos a mamá. Me miró serio y salió corriendo de la cocina. Lleva un paquetito con un lazo azul en la mano.

Luego he trabajado todo el día buscando alivio y distracción solo para sentirme culpable otra vez, cuando al llegar casi a las nueve a casa, recuerdo que tenía la intención de comer hoy con ellos. Los tres niños me miraban sonriendo por encima de sus platos de sopa, con las servilletas rojas remetidas por el cuello, esperando mi saludo. Mierda. Digo hola y me meto en el baño. Los siento sorprendidos y asustados, como últimamente parece su estado permanente; no se han atrevido a darme las buenas noches antes de acostarse, tampoco me han felicitado. Mierda, mierda, mierda.

Antes de irme a la cama he entrado en la cocina y le he pedido a Petra que me pusiera un par de aspirinas con algo, arsénico, por ejemplo. ¿Qué hubiéramos hecho los niños y yo ahora sin Petra? La buena de Petra… Se la robé a mi suegra sin empacho cuando nació nuestro primer hijo.

—¿Qué haremos ahora sin Marieta, Ricardo? —me preguntó la casi vieja mujer, desesperanzada.

El nudo de mi estómago subió a la garganta y apretó fuerte amenazando con hacer que me estallara dentro no sé el qué cuando lo corté de raíz.

—Pues lo mismo que haríamos con ella —contesté secamente.

Y me metí las dos aspirinas de golpe en la boca, liquidándolas con medio güisqui. Ella respingó, dolida.

—¡Qué duro eres contigo y con todos, Ricardo! –su voz era triste.

Esta mujer de pelo ya casi tan blanco como su delantal, buena por dentro y dura por fuera, había ayudado a mi suegra a sobrellevar la rebelde adolescencia y la incontenible juventud de mi radiante esposa.

—La vida es dura, Petra – rematé saliendo de la cocina.

¡Joder, si es dura! ¡Maldita Marieta, allá donde estés!

UnhombreSolo_DosCastillas7

 

Rosa H. Mula

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One comment

  1. Me conmueven sinceramente los tres escritos de “Diario de un hombre solo”. Mi situación personal no se parece en nada a la situación que describes en tus escritos, pero quizá y de alguna manera, “he conectado” con el personaje. Puede ser porque soy divorciado y con custodia compartida. Por eso creo que me identifico con algunas situaciones que describes (llevar a los niños a patinar, los besos pegajosos, …) y sobre todo con la “angustia” inicial de tener que enfrentarse solo a situaciones nuevas debido a la disolución de la pareja. Me hacen reír algunos pasajes y otros casi me provocan lagrimas de pura pena. Enhorabuena y no deje de escribir una 4ª parte, y una 5ª y una 6ª…

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