Diario de un Estudiante de Septiembre. Duodécimo día. – por DANIEL CARAVELLA – #escritos

Buenos días.

 

He soñado que pedía el divorcio y la tutela de los niños. Las ojeras me llegan hasta los pies. No paro de pensar en Lina. Cualquier cosa me recuerda a ella.

 

Lo tengo claro. Desayuno y me bajo a estudiar a la cocina. Allí nada me distraerá, y mi Madre en cuanto vea que me disperso, seguro que me llama la atención.

 

Ha sido un fracaso. En cuanto me ha visto mi madre en la cocina ha empezado a hablar de ella. Lo lista, lo guapa, lo bien que debe explicar, lo bien que huele, la sonrisa, lo simpática, lo que ayuda a su madre. Y yo que no quería distracciones. Para colmo, cuando le he dicho que quería un poco de concentración y ni oír de ella, me ha dicho, «Ah, si quieres me voy. ¿Vas a hacer tu la comida?» Y ante el ademan de levantarme para irme a mi habitación, «Claro, te recuerdo que querías concentración y por eso te has bajado, ¿no?». Y la puntilla, como se ha levantado el día fresco, unas lentejas completas. Tengo que hibernar.

 

Me quiero morir. Me acabo de despertar de la siesta de las lentejas. Es casi la hora de cenar. Voy a ver cuántos termos de café hay en casa. Tres noches y dos días, el café es mi salvación.

diario estudiante septiembre

Daniel Caravella

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