Diario de un Estudiante de Septiembre. Décimo día. – por DANIEL CARAVELLA – #escritos

Buenos días.

Apenas he pegado ojo. Ya no sé si las oraciones copulativas se consiguen haciendo la segunda derivada, o si el límite por la derecha de una función cuando equis tiende a cero es una adverbial de lugar o una pragmática sanción con aroma de lavanda. Me siento como si me estuvieran haciendo «vudú». Menos mal que he quedado con Carlos.

Acabo de llegar a casa y le he dicho a mi Madre que no iba a cenar, que me iba a encerrar en la habitación. Estoy fatal, y aunque Carlos ha intentado animarme, ha sido imposible,  tampoco tenía la cabeza para estudiar. Veleta, traidora. Pues que no se crea que viste tan bien, y por descontado, las lavandas que usa de perfume están todas rancias.  ¿La sonrisa? Porque uno es generoso, pero tampoco vale tanto.

Resulta que se había ofrecido a darme clases particulares, ¡cobrando, pero sin que pareciera! Han estado jugando con mis sentimientos, incluida mi Madre, eso es lo peor. Planearon todo, los encuentros casuales, las piscinas naturales, la enfermedad, y para remate, el beso y el corazón sobre mi mesa. De Pagafantas me han tenido todos estos días.

Tengo que asimilar esto. Me voy a la cama, hoy no soy persona.

 

diario estudiante septiembre

Daniel Caravella

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