Deux Molins – por ÁLVARO MÁRQUEZ

Los brazos de Guimard os han arrojado a la luz de la plaza de Abbesses en esta mañana tan fría que pide a gritos café hasta con idioma de signos si ello fuera necesario, piensas. Aquellas banales lecciones en las que aprendiste a decir ma passion c´est le cyclisme, bonjour Monsieur, comment allez-vous? quedaban allí en nada. La búsqueda ansiosa del 15 de la Rue Lepic, regardez el distrito XVIII, donde todo es Montmartre, y molinos y aires ancestrales de noches de bohemia, le soir, la nuit… Los bajos comerciales explotan contra las aceras en multitud de colores de la boulangerie, le restaurant y le marché… qué desastre fuiste siempre para los idiomas, piensas, a mí lo que realmente me gusta es expresarme con las manos, mas sin palabras, en todo caso las justas. Huele a quesos, mermeladas, frutas, croissants, quizás mantequilla sobre las tostadas, y si me detengo y te observo bien, eres toda mirada en femme. Llegar a la brasserie esquina a la rue Cauchois, ocupar la pequeña mesa y contarte con voz pausada, je m´appelle, je suis… vous parlez espagnol? Cafés en taza pequeña, vasos de agua; ahora te contaré que cuentan que me contaron que un joven llamado Vincent dicen que por aquí paró quizás comprando manzanas o pigmentos para sus primeras filigranas.

Hace frío aún ahí afuera, aguarda un ratito más, si total, nadie nos espera ni queremos que suceda.

 

Las dos Castillas

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