Desatinos – por E. SILVELA

La vida está salpicada de brillantes desatinos. Verás con claridad, lector, al terminar el relato.

Con la pesadumbre de quien no encuentra solución a un problema que amenaza con desbordar, pido ayuda con cierta angustia y apremio a uno de mis más cercanos. Las ayudas se piden casi siempre a los más cercanos, entiende uno que van a comprender mejor que nadie ajeno la urgencia y motivos.

El ínclito cercano llama por teléfono al día siguiente del “SOS”. Descuelgo ilusionada, visualizando una luz al final del túnel, pero pronto descubro que el motivo de la llamada es organizarme la vida. ¡No puede ser! ¡Pero qué estoy oyendo! Mis ojos bizquean involuntariamente. Durante unos instantes no doy crédito. Me miro las manos con cierto nerviosismo y noto que mis pupilas se dilatan a intervalos. Pienso en la de ocasiones en que creemos conocer bien el padecimiento de nuestro semejante sin siquiera ponernos figuradamente en su piel. Cuando me recupero de la sorpresa, su encíclica telefónica está bastante avanzada. De todas formas, intento rectificar la parodia y le recuerdo que lo que he pedido es ayuda en un problema concreto y no organización. “No, monina, no, que lo he pensado mucho”, me aclara. Y como quien oye llover, continúa en su discurso. Se empecina y procede a planificar mi vida, mi ritmo, mis aspiraciones, motivaciones y hasta la cadencia de mis latidos. Todo ello con tintes de supremacía, “sabré yo lo que te conviene“, adornado con alguna pincelada de condescendencia. Cuando termina la secuencia de recomendaciones, el sujeto respira con la tranquilidad de la misión cumplida. Colgamos, yo con un escueto “adiós” y un “ya verás qué bien va a ir todo ahora” al otro lado de la línea. Colgamos. Colgamos y mi experiencia me dice que ha quedado contento con la ayuda telefónica prestada. Lo veo claro. Ya se lo he dicho todo, ya lo sabe, ya puede encarrilar su existencia, son las máximas con que se condecora. Es más, presiento que comunica los acontecimientos a una tercera persona y ambos sonríen con la estela alargada y estilosa que deja la satisfacción de un deber rematado. Ya está. A otra cosa, mariposa.

Pues no. Niente. Nein. No está. Mi problema sigue ahí, candente. No he obtenido ayuda, sino una serie de pautas vitales y reprimendas conminándome a reconducir mi vida. Me siento desolada. Doblemente desolada, pues sigo en cuerpo y alma conviviendo con mi problema y me encuentro ya sin posibilidad de solicitar nuevamente su ayuda; he sido juzgada y estoy lista para sentencia. ¿Es o no es un brillante desatino?

2013-08-08 19.07.31

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 342 entradas.

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