Del Tucán Toco, mucho que aprender – por PEDRO PABLO MIRALLES

Me siento en un pretil junto a un cauce de agua clara y verde del parque de Ibirapuera en Sâo Paulo, rodeado de árboles, plantas y arbustos tropicales sabios y frondosos, uno de los pulmones con los que respira esa inmensa ciudad de contrastes maravillosos e injusticias que claman al cielo.

Me quedo quieto mirándole, es más bien joven, no más de cinco años, con su frac negro de faldón cuadrado, babero señorial blanco, gran pico casi en cuarto creciente amarillo-naranja y, de forma longitudinal, un delgado filo rojo intenso que culmina en un ovalo negro de trazo perfecto en el hocico, ojos vivos azules con pupila negra y siempre abiertos aunque pestañea poco y mucho, mira todo al mismo tiempo sin moverse, para poder pensar, patas azules fuertes con las garras que tienen como presa una gruesa rama a su medida. No se mueve, no, es una foto en colores que impresiona, un cuadro renacentista, hiperrealista o de cualquier época o corriente artística. Medita sabiamente. Es el Tucán Toco al que de siempre tanto admiro.

Al cabo de unos dos o tres minutos, gira la cabeza de forma suave y precisa unos 5º a su derecha, sin mover el cuerpo, como los grandes bailarines y cantantes, sin estridencias, no dice nada, reflexiona, habla en silencio. Absorto, le sigo observando con toda mi atención. Pocos minutos después gira de nuevo su cabeza lentamente, de forma delicada, 8º a la izquierda, sin dejar de pensar, de meditar, siempre sin alterar la caída de su impecable frac. Así una y otro vez hasta que, de pronto, levanta el vuelo plomizo con sus cerca de medio kilo de peso y, ahí sí, mientras se mueve en el aire rozando las hojas del mismo arbusto, canta su krrooc, krreec, krraac, krrooc característico y se posa sobre otra rama, repite el vuelo cantor varias veces para decir aquí estoy, hasta que decide reposar un buen rato sobre otra rama y seguir su reflexión mirando alrededor y sin mirar a nada aunque fija la vista en todo. Elegancia, sobriedad, fuerza y belleza hecha realidad a más no poder.

El Tucán Toco, es el más grande de los tucanes en la familia de los Ramphastidae, un ser libre, pensador y sabio. No sé cuánto tiempo me quedaría observándole para disfrutar y aprender más de esa maravilla de la naturaleza, pero tengo que marchar. Me despido de él y, a su manera aunque parezca que no se inmuta, no dudo que me corresponde con su quietud y elegancia. Le digo que me espere, que volveré a visitarle algún día y que, hasta entonces, disfrutaré de su compañía eterna a ese otro lado del charco a 8.500 kilómetros de distancia, en el sur del viejo continente.

 

Dibujo de Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 128 entradas.

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