“Del color de la leche”, por Pilar Rubio – LA SECTA DEL LIBRO

La Secta del Libro celebró su X Reunión.

Respecto a la comida, para qué hablar…… Batimos todos los récords, tanto en calidad, como en cantidad. El menú estuvo compuesto por la memorable ensaladilla Armengot, el no menos memorable lacón a la Miralles, las memorabilísimas tortillas de patata Lescure, con cebolla, como debe ser. Una muy rica tabla de quesos con picos, tramada por Bibi y canapés de la pastelería Mallorca elaborados por César Nistal con sus propias manos. Sobaos artesanos, torrijas de café irlandés, sí, café irlandés aunque no se notara, limonada y nuestro albariño, estuvieron a punto de llevarnos a todos al hospital con sospecha de pancreatitis.

Intentamos después hablar sobre el libro, entre recuerdos nostálgicos de la cena. Se trataba de “Del color de la leche”, escrito por Nell Leyshon y elegido mejor novela del año 2014 por la Asociación de libreros de Madrid. Nell Leyshon es una autora inglesa que comenzó a escribir tardíamente.

Pues ha recuperado muy bien el tiempo, en opinión generalizada de la Secta del Libro.

La novela está escrita en una prosa aparentemente sencilla, incorrecta en ortografía y puntuación, simulando la redacción de su protagonista, que acaba de aprender a leer y escribir. Finge razonamientos elementales, hechos desde la mentalidad rural en la Inglaterra del siglo XIX. Narra una vida desde el desamparo. Dibujando muy pocos caracteres, se centra particularmente en los abusos sufridos por la protagonista a cargo de los personajes masculinos.

Ahí se centra la novelista y nos llevó a centramos a nosotros.

Es una sociedad patriarcal y autoritaria la que refleja la autora, sin otro objetivo que el de sobrevivir. Sumidas en la paradigmática codicia campesina representada por la figura del padre, sin lugar para el afecto, tanto la protagonista como su madre y sus hermanas son esclavas de la situación y de la figura masculina. El abuelo, única fuente de afecto, paralítico y por tanto trasto viejo, es tratado como tal. A su vez, el padre es esclavo del concepto “hormiga” de la famosa fábula, obsesionado con graneros llenos y vacas productivas. Por si llega el invierno.

El contrapunto nos lo ofrece otro hogar, teóricamente refinado, donde la protagonista pasará a “servir” en la casa. Literalmente. Objeto de un afecto casi más de mascota que de ser humano por parte de la esposa del vicario, y objeto, siempre objeto, de sueños, deseos, abusos y desahogos por parte del resto de sus habitantes.

Era por tanto fácil, en este contexto, sublevar al sector femenino de la Secta. Nos sublevó. Mirábamos a la bancada masculina con ojos de reproche. “Seguro que no os ha gustado el libro” se leía. Equivocada conclusión. Nos gustó a todos.

Debatimos largo y tendido sobre los verdugos y las víctimas, sobre las distintas sociedades, intentando evaluar el grado de explotación de las mujeres. Tema a la vez manido y difícil. Hablamos también del estilo, que alabamos.

Si le pusiéramos una objeción al libro, quizá sea el sutil maniqueísmo con que se tratan los actores del drama. Aparte del abuelo, anciano y paralítico y por tanto tal vez menos “hombre” que los otros por su postergación y su experiencia personal de dolor y discapacidad, los hombres son, sin excepción, odiosos e insensibles. El hombre como amenaza, ser egoísta que se acerca a la mujer y, en general a su entorno, desde una actitud de dominación y abuso. Las mujeres, incluso las toscas y crueles, lo son desde la ignorancia, teniendo a veces tenues rasgos de solidaridad o empatía. Una especie de áspera inocencia de “buen salvaje”.

Claramente es un libro escrito desde una perspectiva femenina, lo que nos llevó a plantearnos en primer lugar, la existencia de una “literatura femenina”, hablando por supuesto desde la calidad. Si existe una literatura femenina, ¿existiría también una literatura masculina? ¿Estaremos cayendo en la generalización, el hombre como humanidad, lo escrito por hombres sería por tanto universal y lo escrito por mujeres, tendría una visión más estrecha, estaría concebido desde y para el gineceo? En nuestra Secta, desechamos esta idea por estúpida. Existe la literatura. Los subgéneros son eso, subgéneros. Ideas incompatibles con una escritura segregada por sexos.

Hablamos también de como nos describimos un sexo a otro, cuando nos describimos en papel.

Estamos acostumbrados a la literatura escrita por hombres, mayoritaria en Occidente. Acostumbrados por tanto a aceptar los arquetipos femeninos como algo real. Princesas, hadas, brujas, madres, madrastras, hijas, prostitutas, mujeres fatales, nos transmiten desde hace siglos la idea que los hombres tienen de nosotras. Ser mujer como algo oscuro, poderoso e incomprensible que puede hacer morir a un hombre, incluso a uno mentalmente sano, con una caída de pestañas. Ser hombre es ser alguien más sencillo, fácilmente engañable, que puede llegar a matar a una mujer desde el amor. Por bruja y por traidora.

Los personajes masculinos escritos por mujeres son a veces algo arquetípicos, con un halo de amenaza que produce rechazo en quien los lee. Dominantes. Temerosos de ver herido su ego. Abusadores desde la fuerza física y económica. En “Middlemarch”, en “El cuento de la criada”. En esta novela.  

Salieron a relucir las grandes protagonistas de novelas del XIX. Ana Karenina, Madame Bovary como personajes femeninos, creíbles y completos. En cambio La Regenta, nos pareció una mujer descrita y concebida por un hombre. Se le transparenta más el andamiaje.

Una vez zanjada, tras una buena lectura, una buena cena y una muy divertida conversación la eterna polémica entre los sexos, la reunión se disolvió pacíficamente.

 

del color de la leche

Pilar Rubio

Pilar Rubio Ha publicado 58 entradas.

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