De un breve repaso a mi vida – por PEDRO PABLO MIRALLES

Justo en ese momento, ni antes ni después como me enseñó a puntualizar un buen amigo hace muchos años, decidí hacer algo que de vez en cuando estoy seguro que practica de forma irregular todo quisqui, hacer un repaso de mi vida. Eran tantas las cosas que me pasaban por la mente, agradables e ingratas, alegres y tristes, de todas las épocas y situaciones imaginables que, después de un buen rato que se me hizo largo, no sé muy bien cuanto ni en realidad me importa mucho, diez minutos o un cuarto de hora, llegué a algunas conclusiones:

1. Que se me hace imposible visionar esa película completa, entre otras cosas, porque con perdón de los cinéfilos, por regla general, no siempre, películas de más de una hora media que tanto están de moda en la actualidad, me suelen fastidiar por buenas que sean y las tengo una cierta prevención. Hace un par de días vi en casa “Un callejón sin salida” de John Crowell’s, tan sólo 96 minutos, que me entretuvo y me gustó mucho y a mis años todavía no había visto. Hace diez días, fui al cine a ver una película norteamericana muy anunciada que ya ni me acuerdo del título, cosa que me suele ocurrir con excesiva frecuencia desde siempre, cuya duración anunciada era de 145 minutos y, a pesar de esa advertencia entré a verla, pero a la media hora, visto el panorama y tanta violencia innecesaria, me levanté de la butaca y me fui a pasear.

2. También con perdón, en este caso de los lectores y literatos, algo parecido me pasa con algunas novelas voluminosas de grandes escritores y baste como ejemplos “Moby Dick” de Herman Melville, con lo entretenido que es la “Mocha Dick” de Jeremiah N. Reynolds en la que, sin duda, aquel se inspiró o el “Ulises” de James Joyce. Curioso me resulta que con “El Quijote” de Cervantes no haya adquirido esa prevención arbitraria y ello se lo debo a mi padre que desde muy chicos siempre se esforzó en convencer a sus hijos que leyéramos, especialmente los clásicos y libros de historia.

3. El esfuerzo reflexivo y de recapitulación de la vida pasada, si bien tiene una parte sana porque facilita comprender mejor el momento en que se está para seguir viviendo, hay que saber administrarlo para no caer en el intrusismo con el mundo de la psicología y la psiquiatría a los que tengo también tengo una cierta prevención por necesarios y útiles que en ocasiones resulten.

4. Vamos, que como dijo aquél maño jesuita y sabio, “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Una cosa es el sano ejercicio de la memoria, pensar, reflexionar, como nos dejó plasmado Rodin en su apabullante “Pensador” y otra muy distinta es enredar, regocijarse en esa actividad tentadora y perder la perspectiva de lo que hay que hacer, vivir, con modestia y sanamente, pero vivir porque como bien sabemos el tiempo pasa volando si es que existe.

 

“El pensador” de Rodin. Fotografía de Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles

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