De siete en siete – por DANIEL CARAVELLA

El mismo ritual, todos los siete de cada mes salvo uno. Al Alba. Se dirigía a la hornacina del Santo, ahora vacía, enrollaba su periódico y lo sujetaba con las rodillas mientras se anudaba al cuello su pañuelo rojo. “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro dándonos su bendición”, recorría mentalmente las calles hasta su llegada a la plaza. Un éxito, no sin su riesgo habitual. Corredores que se cruzan, morlacos ávidos de llevar un trofeo en su astifinas puntas, gente por doquier. «Sebas, ya vienes otra vez» oye a su espalda mientras entonaba nuevamente su oración al Santo. Levantaba la mano y saludaba. Si, una vez más, y todas las que hagan falta. Ya sólo podía hacer sus encierros mentalmente, pero lo que no le podían quitar era volver cada mes, cada día siete a dar gracias al patrón por arrancarle de las puntas de aquel cardeno capirote gacho que se llevó su tendón de aquiles. «A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón…» terminaba su última plegaria para volver camino de la Cuesta de Santo Domingo, al tran tran, como los piratas de pata de palo hasta el mes siguiente.

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Daniel Caravella

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