De letras escritas

Leí hace un tiempo ya la noticia en la que se expresaba por parte de la Academia de la Lengua la intención de aplicar en una nueva edición de la Ortografía de la lengua una serie de cambios cuando menos interesantes y para tener en cuenta a la hora de pronunciarse a través de las letras.

Uno, que se jacta de no tener faltas de ortografía al escribir (faltaría más que las tuviera también al hablar), aunque de cuando en cuando se cuele alguna que otra palabra mal estructurada, que todo es posible en este mundo de Dios, ha de retornar a sus inicios lingüísticos para actualizarse (qué paradoja volver atrás para mejorar ahora) y poder así seguir utilizando de una manera acorde las palabras para con aquellos que se encargan de depurar nuestra lengua (la lengua española, idiomáticamente hablando quiero decir, no pensemos mal) y no quedarse anclado en el “creo que se escribe así”.

Las sensaciones que produce la lectura las llevo viviendo desde hace mucho tiempo. El simple hecho de entrar en otros mundos, en otras vidas, encontrar sentimientos que se asemejan a los tuyos o que por el contrario son tan diferentes, con tan solo pasar una página detrás de otra, hacen del leer una sensación única.

Siempre admiré a quien pone vida a una página en blanco. Por eso cuando escribo algo lo hago desde lo más profundo de mi. Soy consciente de que lo más complicado de escribir es saber transmitir. Que quien lea viva cada palabra. Que se sienta identificado con ello. Que olvide por un momento todo y comience una nueva historia cada vez que pone sus ojos sobre el papel escrito. Que sienta. Que vibre. Que se emocione.

Somos muchos aquellos a los que nos gusta hablar sin necesidad de usar la voz. Muchos los que entendemos que escribir es parte de la vida como lo es pasear, reír, hablar, llorar, sentir… Muchos los que intentamos juntar todo eso en una octavilla y crear una amalgama de emociones que sea capaz de llegar a quien lee.

Y volvemos a leer. Y a escribir. Y los que no vivimos de ello vivimos con ello.
Me gusta escribir con el corazón más que con la cabeza, aunque pensándolo bien (y ahora lo hago con la cabeza y no con el corazón) si hay una manera predispuestísima para errar es escribir sintiendo y no pensando.

Puede que quizá no tenga razón en nada de lo que escriba. Tampoco busco eso. Lo realmente interesante es que cada cual busque y encuentre sus razones leyendo.

Y si cada vez que alguien lee es capaz de emocionarse, es razón más que suficiente para seguir escribiendo. Quizá no tengamos muchos la capacidad de un literato, pero hay algo que no nos falta a quienes escribimos con el corazón. Corazón.

Si habéis llegado hasta aquí, es suficiente motivo para volver a coger pantalla y tecla, otrora papel y lápiz, y volver a hablaros desde la cercanía de un tiempo que se para, un sillón vacío y buen café.

Nos vemos en las letras. Estáis invitados.

De letras escritas

J. Javier Checa

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