De la vieja Europa al Nuevo Mundo (5 octubre 2013)

Echaba muchísimo de menos al Grupo Concertante Talía. Por fin comenzó la temporada. Ayer. Con mi entrada de cojo-abono (perdón por el taco) llegué orgullosa al Auditorio. La enseñé en la entrada con semblante Mata-Hari de “rendidme pleitesía, que llevo aquí un tesoro“. Por supuesto, nadie se dio por aludido ni se inclinó, pero crucé la puerta de entrada cual Diosa Cecilia.

Paso ahora a redactar la crónica en presente, pues le da un barniz de intensidad y actualidad. Que la crónica lo requiere.

Sentada en mi asiento privilegiado, voy localizando a los miembros de la orquesta. Jenny Clift, primer violín, una profesional increíble. A su lado, Blanca Castillo, destila alegría. Como siempre. A la cabeza de las violas, Irene Labrado. Tiene faringitis, pero ahí está, como una campeona. A su lado, Virginia Gutiérrez Marañón. Es una mujer de apariencia tranquila, ademán seguro, parece el talismán perfecto de Irene. Al fondo, el apuesto contrabajista, Rodolfo Hernández. Con su sonrisa, esa que no pierde jamás.

Llega la Jefa. Silvia Sanz Torre. Con su casaca negra de bordes dorados. “Se va a asar de calor“, es mi primer pensamiento.  Aplausos. Como no, va a dirigir de memoria. Todo el concierto. Las partituras son para cobardes…

Espera a que su orquesta se prepare y comienza a escucharse El Moldava de B. Smetana. Un poema sinfónico sobre el transcurso del río que atraviesa Praga, lleno de tonalidades. En ciertos momentos, como si se abrieran las puertas del Auditorio, se da la bienvenida a Sissi Emperatriz; las notas son elegantes, palaciegas. Al momento siguiente, las tropas de la República Checa irrumpen a paso marcial. Instantes después, una música alegre, campesina y desenfadada. En resumen, una pieza ideal para la versatilidad de movimientos de Silvia Sanz.

Para la segunda pieza de la noche, irrumpe el Coro Talía. Mi Coro Talía, mi preferido, compacto, solidario, cordial, dispuesto, entregado. Localizo a Javier García-Lomas, mi Barítono Predilecto. No espero ver a Soprano Pizpireta -María Isabel Liendo- pues sé que no ha podido venir. Busco a Soprano Blancanieves -Sarah Monroe- y no doy con ella. Luego me entero, está fuera, en Dubai. Ni más ni menos…

Comienzan Las Danzas Polovtsianas, de A. Borodín. La intensidad de las notas es creciente y pronto puedo imaginarme al Príncipe Igor bailando entre los músicos. Las mujeres del coro cantan con una especie de humildad imprecisa. Ellos cantan con vigor, no en vano son guerreros. Silvia Sanz dirige, mueve ambas manos en semicírculo, contundentemente. Fabio Barrutia como barítono estelar, imponente. 

En el intermedio salen los músicos. Blanca Castillo me lanza un beso desde el escenario, que yo devuelvo. Son estos pequeños detalles los que hacen que merezca la pena venir a verles y apoyarles.

talia2La segunda parte del programa es el plato fuerte de la noche. Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák. El Coro Talía se marcha y en su lugar se sientan espectadores de último momento. Los asientos del coro se abarrotan de gente. No me extraña nada, la sinfonía se lo merece.

La primera parte es conocidísima. En manos de Silvia Sanz tiene un ritmo distinto del habitual, precioso. Nada puede compararse con la música orquestal escuchada en directo, os lo aseguro. La segunda parte de la sinfonía es un “Largo“. Lento, para saborear. Silvia Sanz hace el milagro de la música en vivo: conseguir que las pausas sean la música más bonita de la pieza. Con los dedos corazón y pulgar, que cierra formando una elipse, coordina los silencios de su orquesta. No hay notas por espacio de unos segundos, pero la música lo inunda todo…

Aquí es cuando tengo algo que decir al Auditorio Nacional de Madrid. “Muy Sres. míos: me resulta imposible hacer una crónica en condiciones sin poder ilustrar el tema con una pequeña audición de los momentos clave. Ya saben. Atentamente.”

Tras los aplausos eternos que se lleva la Orquesta, especialmente la plana mayor de los instrumentos de viento, Silvia Sanz anuncia el bis: Coro de Esclavos del Nabucco de Verdi. La perplejidad se adueña de algunos espectadores, pues malamente se puede interpretar una pieza coral cuando el Coro Talía se ha ido en la primera parte del programa. Comienza la pieza, esa preciosidad de música… De pronto se oye claramente el “Va, pensiero...” Vivas voces, firmes, alegres, dispuestas. ¿De dónde vienen esas voces? Muchos buscan con la mirada. El ruido es inequívoco. Provienen exactamente de los asientos del coro. Son los mismos del Coro Talía, vestidos de paisano, mezclados entre sí. Cantan sentados, hasta que Silvia Sanz hace un gesto con el dedo, elevándolo. Se ponen en pie. Mi Barítono Predilecto en el centro de la primera fila, con un jersey colorado en los hombros. Orgulloso él, orgullosa yo. A su lado, una soprano. El Coro de Incógnito canta a pleno pulmón, con las ganas de quien está enamorado de lo que hace.

talia3He omitido un pequeño detalle, a propósito, en la narración. Los espectadores de la segunda parte eran los propios del Coro Talía y yo lo sabía. De hecho, hice malabares con los brazos para que mi Barítono Preferido me viera. La próxima vez luciré una diadema de antenas de color verde marciano. No tendré pérdida.

La próxima cita, el sábado 28 de diciembre, en la Noche de Soul. Puede ser impresionante. La del año pasado lo fue, y así lo cuentan los mejores cronistas…

Bravo, Silvia. Bravísimo. Tienes un Grupo Concertante magnífico. 

(Las fotos han sido cedidas por David Perona. Mil gracias.)

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 306 entradas.

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