De como conseguí tres cumpleaños – por CHEMA BASTOS

Cuando yo era pequeño, me importaba un comino el día de mi nacimiento. Sólo tenía importancia para mí el día de mi cumpleaños, sobre todo porque para ejercer el fuero que en mi casa permitía al titular de la efeméride elegir el menú, a la sazón canelones, filete de ternera con patatas fritas y arroz con leche. Así que le pregunté a mi madre, que sin atisbo de duda me dijo: “…el 28 de septiembre…” Año tras año celebraba yo mi cumpleaños en esa fecha durante mi infancia, y me pimplaba los tres platos que componen ese menú quizá algo sobrado de hidratos de carbono.

Al cumplir los 14 años, y disponerme a cumplir con mi obligación de hacerme con mi DNI, la partida de nacimiento me sorprendió con un cambio que no esperaba: según el Registro Civil mi fecha de nacimiento era el 29 de septiembre. Cuando le pregunté a mi madre por esa discrepancia, me contestó en primer lugar que bastantes hijos y cosas en la cabeza tenía como para acordarse del día en que nací. Pero como las madres gozan de una infalibilidad que ya quisiera para sí el Papa, no tardó mucho en afirmar que ya sabía ella que no podía ser el 28, pero que por no enredar más la cosa…

Son cosas que pasan, me adapté a la situación, cambie el día de celebración y esa fecha de cumpleaños fue apareciendo con los años en el Instituto, en la Universidad, en el Regimiento 75 de Artillería y en la agenda de alguna que otra chica. Fue al cumplir mi destino como hijo y nieto de Funcionario que soy e ingresar en la Administración, para lo que tuve que pedir un extracto literal de la partida de nacimiento, cuando descubrí, esta vez con cierto desconcierto, que en realidad mi aniversario oficial no es el 29 ni el 28, sino el 27 de septiembre. Aunque esta vez me abstuve de pedir explicaciones a mi madre, ella enseguida declaró que esta noticia no hacía más que confirmar lo que ella ya sospechaba con intuición materna desde siempre, que yo nací un 27. Por su parte mi padre barajaba hipótesis que aclararan el misterio, entre las que cobraba fuerza la intervención de una tía suya monja que pudo torcer las fechas en el libro de familia para que yo quedara bajo la protección de S Vicente de Paúl.

En un primer momento me preocupó más que nada la manera de arreglar en toda mi documentación este desaguisado, así que hice lo que suelo hacer en esos casos: esperar sin hacer nada. A la fecha de renovación del DNI, varios años después, me dirigí a la Comisaría de Policía, imaginado un tortuoso procedimiento administrativo para cambiar la fecha, en el que seguramente tendrían que declarar mis padres, el encargado del Registro, y mi tía-abuela la monja. Al iniciar mi relato al Funcionario, éste me miró impaciente y me instó a que le diera una fecha de nacimiento, la que a mí me diera la gana, y acabara de una vez. Así que ya lo sabéis, si alguno de vosotros se siente una bailarina del Bolshoi encerrada en un cuerpo de hombre, o un rudo camionero turco que se ahoga en el cuerpo de una mujer, no es preciso que se embarque en un costoso proceso judicial, basta con que acuda a hacerse el DNI a Vitoria, en donde el Sr. Policía le asignara el sexo que quiera, y no el que la torpe naturaleza le haya obligado a portar.

Pero  yo tenía el corazón roto, ¿Cómo renunciar a cualquiera de las tres fechas? El 27 fue el día en que nací, mi cumpleaños real. Sin embargo el 28 es mi cumpleaños de niños, el de los canelones y el arroz con leche, y el 29 la fecha con la que me hice mayor. Haciendo de la necesidad virtud, y de mi capa un sayo, decidí no renunciar a nada, y celebrarlo los tres días, como si fueran las fiestas de un pueblo. Y así es que como conseguí tres días de cumpleaños, lo cual os permite un plazo de tres días naturales, que se computarán a partir del recibo de la presente, para felicitarme.

Tres días, por lo menos hasta que vuelva al Registro.

Chema

Chema Bastos

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