Cuna de sueños, por ENRIQUE QUESADA #escritos

¿Te acuerdas cuando, como casi todas las noches, ya escondido el sol, nos sentábamos en éste, nuestro banco, bajo nuestro árbol, y dábamos rienda suelta a nuestra fantasía, forjadora de nuestros sueños?

Lo recuerdo como si fuera ayer. Acurrucados el uno junto al otro, “pásame el brazo por los hombros, anda, como sabes que me gusta”, me pedías, y te sentías arropada, protegida, amada, y entrelazadas las manos y entre besos furtivos, con la puntita helada de la nariz que calentabas en mi mejilla, imaginábamos ese futuro próximo que se nos avecinaba.

Dos, vamos a tener dos niñas, aunque ya sé que tú querrías un niño”, me martilleabas siempre. “La mayor se llamará Esther, como tu hermana mayor, estoy segura que será su vivo reflejo y verás cómo daremos a tus padres un motivo para que su amargo recuerdo se traduzca en un bonito presente y un esperanzador futuro, y la pequeña…, bueno, ya discutiremos de eso, abrázame más fuerte, por favor”, y tu cara irradiaba tal luminosidad, que las mariposas que parecían nacer de tu sonrisa volaban, alegres, para posarse sobre las hojas del árbol que nos prestaba su cobijo.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Pasamos tiempos complicados, como toda pareja joven que se embarca en la aventura de labrarse un futuro en común, paso a paso, viendo cómo poco a poco se iban cumpliendo nuestros anhelos, nuestros sueños. Pobres hasta para pedir, como decía mi padre, nos conformábamos con que pudiéramos ver crecer a nuestras pequeñas fuertes y sanas.

Lo recuerdo como si fuera ayer…, y destierro el recuerdo de mi mente al instante, muerde como un perro rabioso lo hace sobre el cuello de su presa, hasta hacerle perder el aliento, hasta hacerle perder el sentido, hasta hacerle morir, y con cada recuerdo me falta el aire y muero un poco más.

Hoy, recordándote como si fuera ayer, te puedo contar que nuestras muñecas crecieron tal como habíamos soñado, fuertes y sanas, si bien con un amargo vacío en sus corazones y un poso de tristeza en su mirada.

Hoy, recordándote como si fuera ayer, te puedo contar que nunca más aquel nuestro árbol, volvió a mutar el marrón de sus hojas.

Y hoy, aunque te recuerde como si fuera ayer, te puedo contar que a pesar de la eternidad en la que se han convertido los años desde que nos faltas, nunca, nunca más, volví a sentarme en aquel, nuestro banco, nuestra cuna de sueños que, bajo la luz de la farola y con la luna encogida también por el recuerdo, añora cada día, él también, la luz de tus ojos, el calor de tu presencia.

 

04. 35. Cuna de sueños (1)

Enrique Quesada

Enrique Quesada Ha publicado 15 entradas.

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