Cuestiones – por MARÍA JOSÉ BARROSO

¿Por qué cuestionarlo todo?

¿Y por qué no?

En la pregunta está la respuesta, la duda y la trampa, la salida y el laberinto, el bucle y la eterna contradicción. Me gusta girar, jugar y dar vueltas al pensamiento, torcerlo y esquinarlo, levantarle el borde del uniforme establecido, asomarme a él. Si puedo, lo desnudo y lo vuelvo a vestir con otros colores y de otras palabras. Pensar, dudar y cuestionar, remover el fango y oscurecerlo más, blanquearlo a veces para dejarme deslumbrar y volverlo transparente, sincero, como la sed que acude a una fuente cristalina. No hay miedo, sólo cansancio si me agota el preguntar, cuestionar, poner en duda lo que parece aceptarse, hay tanto y es todo lo que parece intocable. Hasta que te acercas, suavemente, con precaución y cuidado, con un gesto indoloro de curiosidad, de cortesía, y miras, dudas, y vuelves a mirar, con ternura tal vez, con admiración a veces, con indignación otras, pero te giras, te alejas un paso, regresas, y de frente miras de nuevo y quizá logras ver distinto. Me gusta ese ser distinto que aparece, esa idea que sobrevolaba sin pararse, ese mal que ahora luce bien, esa luz escondida entre las paredes del túnel. Me gusta agotarme y dejarlo. Parar de pensar y sentarme a descansar y después, mirar bajo el sofá, remover pelusas y lanzarlas al aire para que sean otras al vuelo, en otro cielo que les dé otra vida.

Cuestionar es volver a mirar, como un niño que destroza cada pieza para volver a montar su infancia, como un anciano que ama todo y no se queda con nada, como un joven que aún no es consciente de que nada es intocable y todo está a su alcance. Cuestionar, para qué, si respiras y no ves el aire, y vives y no sabes por qué. Cuestionar para ver de nuevo, para limpiar, como el mar con sus olas escupiendo la basura del fondo, echando restos de prejuicios asentados en lo profundo, pasar la mano y asear la vida, como si dejáramos nuestros asuntos a estrenar. Cuestionar para mirar con ojos de otro, para tener más, ser avaros y acumular tesoros, ahora nuestros, otros pensamientos, distintas emociones, temblores, soles y estrellas, miserias de dioses, amores humanos. Cuestionar para respetar, conocer más, ser mejor. Porque quien duda sólo sabe que sabe el valor de una respuesta.

 

María José Barroso

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