Cuando esta carta llegue a tus manos – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO

Cuando esta carta llegue a tus manos te barrerá un profundo dolor. Después, la extrañeza se apoderará de ti impulsándote a abrir el sobre; no es común recibir algo de quien se ha ido para siempre. Estarás carcomido por la desesperanza, el dolor y los remordimientos. También lo sé. Han sido muchos años juntos, tantos como para saber lo que pululaba por tu mente cada minuto. Ahora, tumbada en esta cama de hospital, de esas tan acostumbradas al dolor ajeno, no dejo de recordar mi vida junto a ti, cada momento a tu lado, cada día, cada instante, desde la salida del sol hasta su puesta. Te añoro al levantarte, siempre con el pelo revuelto, como si por la noche te hubieras peleado en sueños, la cara somnolienta, y una sonrisa que iluminaba la estancia. Después trastabillabas hasta la cocina, un café bien cargado te hacía reaccionar, te vestías ya a la carrera, y te despedías con un beso y un guiño de ojos. Yo remoloneaba un poco más en la cama, guardando tu esencia, queriéndote hasta el dolor. Lo mejor, lo más precioso que he tenido, siempre pendiente, mirándome como si fuese la única mujer sobre la faz de la tierra. Nunca me dejaste caer; incluso aquel día que creí desfallecer al saber que no podría tener hijos; ahí estabas tú, cariñoso y protector, aunque te doliera más que a mí. Quizás algo se rompió entonces, no lo sé. Tus promesas de amor parecían tan sinceras como siempre. Hasta aquel día. Sí, cariño. Lo supe casi antes de que ocurriera. Al principio creí que no iba a ser capaz de resistirlo. Te imaginaba en brazos de otra mujer y sentía cómo me iba deshaciendo por dentro, cómo me rompía en mil pedazos. No lo buscabas, pero lo encontraste y no fuiste capaz de rechazarlo. Te imagino ahora con lágrimas surcando impunemente tus mejillas. No te culpo, siempre añoraste un hijo y ella te lo dio. Al principio quise estrangularte, maldecirte, alejarte de mí. Y no fui capaz. Decidí pasarlo por alto. Muy alto. Nadie podría arrebatarte de mi lado, te filtrabas por todos los recovecos de mi alma. No me he sentido capaz de decirte todo esto a la cara. Y ahora que esta maldita enfermedad ha querido jugar en mi contra, es cuando me he decidido a hacerlo. No puedo decirte que disfrutes de “la otra”, pero sí que intentes ser feliz, cuida a tu hijo, mímale como hiciste conmigo, Y ahora, quiero que esboces una sonrisa, rompas esta carta y vivas. Disfruta, a pequeños sorbos, no hay prisa. Para ti, otro día más, la vida despierta. Con todo el amor que te guardo, María.

Frank Moss Bennett
Frank Moss Bennett

Lola Sánchez Lázaro

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2 comments

  1. ¡Cuánta empatía! Y qué generosidad para con el deseo ajeno, y honestidad con el dolor propio. Muy buena carta Lola.

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